Ya transcurrido más de un mes del inicio de clases, comienzan las primeras pruebas y la tradicional entrega de notas se convierte para muchos padres en un dolor de cabeza, sobre todo cuando detrás de malas calificaciones existen dificultades de aprendizaje. Especialista de la Universidad del Pacífico explica los problemas más comunes y cómo los padres juegan un rol fundamental.

El hito de ingresar al colegio debiera ser una de las instancias más felices en la vida de los niños, sin embargo existe un grupo de estudiantes cuya experiencia escolar puede ser compleja e incluso traumática cuando sufren dificultades de aprendizaje. “Esto sucede porque ellos se percatan de que académicamente no logran avanzar al ritmo de sus compañeros. Además son tildados de incapaces y, en el mejor de los casos, de flojos o irresponsables”, señala la psicóloga Susana Arancibia, docente del Magíster de Familia, Infancia y Adolescencia de la Universidad del Pacífico.

La especialista indica que la mayor complicación se da cuando los problemas de aprendizaje no son detectados en la etapa que corresponde, lo que se dificulta considerando que existe un heterogéneo grupo de alteraciones que se manifiestan en problemas para la adquisición y uso de habilidades de escucha, habla, lectura, escritura, razonamiento o habilidades matemáticas.

Susana Arancibia enumera que “las más recurrentes son la dislexia, definida como el trance que presentan los niños para leer debido a la confusión o inversión de letras, dificultando su comprensión y expresión, sea de forma oral y/ o escrita. Asociada a la anterior se encuentra la disgrafía, entendida como la dificultad para escribir, sea producto de una deficiente coordinación motora o problemas en la percepción visual o espacial; no afecta necesariamente la ortografía. Y la discalculia, que se entiende como la real dificultad que tiene el niño o adolescente para hacer cálculos matemáticos elementales”.

Para la docente de la Universidad del Pacífico, a estas problemáticas se suman aquellas discapacidades en el procesamiento auditivo y en la memoria. “Ellas incluyen la dificultad de comprender y recordar palabras o sonidos. En este caso, es posible que un niño escuche con normalidad y, sin embargo, no recuerde las partes importantes porque su memoria no está almacenándolas ni descifrándolas de manera correcta”, aclara.

Junto a estas alteraciones, se encuentra el conocido Trastorno por Déficit de Atención (TDAH), “probablemente la dificultad más diagnosticada en los  últimos años, en donde se calcula que entre un 4% y 12% de los niños lo presentan”, asegura la experta.

Niños con problemas de aprendizaje no son menos inteligentes

Para la especialista es importante clarificar que los niños que presentan problemas de aprendizaje poseen niveles de desarrollo cognitivo similares al promedio de sus compañeros. “En general, la falta de conocimiento respecto de los problemas de aprendizaje conlleva a la creencia de que en todos estos casos está implicado el nivel de inteligencia, lo que no es así”, apunta.

Es esta misma razón la que probablemente dificulta a los padres poder comprender y asimilar que sus niños puedan tener algún problema. “Resulta habitual que la primera reacción sea ´proteger´ al hijo y culpar al cuerpo de profesores por los deficientes resultados obtenidos. Al contrario, mientras más rápida sea la reacción de los adultos para asumir y enfrentar estas dificultades, los niños obtendrán ayudas efectivas que potencien sus aprendizajes”, afirma Susana Arancibia.

En todos los casos, los padres deben constituirse en el factor protector más importante que le permita al niño sentirse seguro y, al mismo tiempo, aprender estrategias que faciliten su vida escolar. “Mientras más tardío haya sido el diagnóstico, es probable que mayor sea el daño de su autoestima. Por lo tanto, una primera medida es afrontar la dificultad como equipo, donde el niño se percibe ya no como ´el perdedor´, sino como partícipe de una estrategia orientada a superar el problema escolar. Y es muy importante que, dependiendo del caso, exista la evaluación y tratamiento de especialistas, sean neurólogos, psicólogos y/o psicopedagogos”, enfatiza la psicóloga Susana Arancibia, docente del Magíster de Familia, Infancia y Adolescencia de la Universidad del Pacífico.