Ad portas del fin del primer semestre escolar, no son pocos los papás que han padecido las dificultades académicas con sus hijos. Para mucho niños y jóvenes, la carga de tareas y estudio se volvió una pesadilla que se verá reflejada en la libreta de notas. ¿Cómo debemos enfrentar este tema los padres? ¿cómo ayudar a los menores no sólo a mejorar su rendimiento?

Aquí, profesionales expertos en el tema, nos entregan consejos y herramientas sobre cómo orientar a nuestros hijos a afrontar la etapa escolar y las obligaciones que conlleva.

Todos somos diferentes

Al consultar a los especialistas, lo primero que aclaran es que no podemos “medir” a todos los menores con una misma vara a la hora de evaluar el rendimiento académico, todos somos seres únicos, cada niño aprende a su ritmo y velocidad y lo que no es un buen desempeño para uno, puede ser un gran logro para otro.

La psicopedagoga Michelle Levy, especialista del Centro de Salud Adolescente SERJOVEN, explica que, a la hora de educar, siempre debemos tener en cuenta el concepto de diversidad, que se refiere a que todos los niños son diferentes y es fundamental respetar las diferencias individuales.

“El sistema educacional actual nos obliga a medir los aprendizajes en notas, pero el aprender tiene muchas más aristas que pueden ser iguales o más importantes que sacarse un 7.0, las que muchas veces, presionados por el ideal del éxito, tendemos a olvidar o poner en segundo plano”.

La doctora María José Villar, especialista en psiquiatría infanto-juvenil y del adolescente, también de SERJOVEN, coincide con que más allá del resultado final de una nota, lo importante es ver cómo el niño está viviendo el proceso de aprendizaje. “Un niño, aunque no tenga un resultado tan espectacular en términos cuantitativos, es importante valorar su esfuerzo y dedicación en su proceso de aprendizaje, más que la nota final”.

¿Cuándo debemos los papás preocuparnos por las notas?

Según la doctora Villar, hay que encender las alertas cuando hay una baja importante en las notas, por ejemplo, respecto del semestre anterior, y no por la nota en sí misma, sino porque esto es un síntoma de algo y es importante ver qué está pasando. Puede ser desde desmotivación, técnicas de enseñanza hasta problemas individuales o ambientales.

El bajo rendimiento escolar, dice Michelle Levy, puede ir ligado a un disminuido desarrollo de las funciones ejecutivas, (prestar atención adecuada y sostenida, capacidad de planificar o tener flexibilidad mental para tomar decisiones). El otro factor que afecta fuertemente en los aprendizajes son los trastornos ligados a lo socio emocional, que aquejan la auto percepción del alumno, lo que trae consigo, en prácticamente todos los casos, una disminución de la motivación, que tiene como consecuencia el bajo rendimiento escolar.

Una vez detectada el área de la dificultad, es necesario orientar a los padres a seguir el tratamiento idóneo, comenta la psicopedagoga. 

¿Amenaza o recompensa?

Muchos padres caemos en la negociación con nuestros hijos. “Si no te sacas un 5.0, no vas al cumpleaños, en cambio, si te va bien, te compro lo que quieras...”.

“No es sano en la relación padre-hijo condicionar el amor, la disponibilidad o la aceptabilidad de los padres a los hijos a las notas. El vínculo primario de los papas con los hijos tiene que ser estable, seguro, independiente de la nota, entonces, condicionar las conductas, los permisos, los castigos al resultado de una nota, por un lado, es darle mucha importancia y mucho poder a sólo una parte del desarrollo y por otro, no ayuda a crecer ni a fortalecer un vínculo de mayor seguridad y contención con los papas, que es lo más importante”, explica la psiquiatra María José Villar.

Los refuerzos positivos deben ir ligados a la satisfacción de haber obtenido resultados favorables en tareas que requirieron de esfuerzo y dedicación. La sensación de triunfo es la mejor recompensa, afirma Michelle Levy. 

¿Cómo apoyar al alumno?

Ambas profesionales nos entregan algunas recomendaciones para ayudar a nuestros hijos en el proceso de aprendizaje:

  1. Adquirir una metodología de estudio. Existen diferentes maneras de aprender, las más habituales suelen ser: aprendizaje a través de lo visual (resúmenes y mapas conceptuales); aprendizaje kinestésico, que son quienes requieren percibir los contenidos a través del cuerpo y de la experimentación; y finalmente, los alumnos que aprenden auditivamente. Es importante contar con esta información a la hora de ayudarlos a reforzar hábitos, los que deben ser constantes y sostenidos en el tiempo.
  1. Acompañarlos en la organización. Se pueden utilizar agendas o calendarios de semana/ mes a la vista, donde ellos deberán escribir sus obligaciones escolares y planificar lo más apegado a la realidad que les sea posible los tiempos que requerirán para cumplir con cada una de ellas. Acá es importante recalcar que las metas que se fijen sean realistas, evitando así quedar expuestos a frustraciones. Verter las obligaciones en un calendario, y planificar cada una de ellas, disminuye considerablemente la ansiedad relacionada al rendimiento. Esta actividad debe ser realizada en conjunto con el alumno.
  1. El tiempo que le deben dedicar los niños al estudio va a depender de la edad. Entre los 3 y 6 años, va a primar la flexibilidad por sobre la estructura, queremos transmitir que estudiar puede ser entretenido. Luego, desde los 7 años, el tiempo de estudio no debiera exceder los 20 minutos por sesión. Una vez vayan creciendo, progresivamente se puede llegar a los 40 minutos, luego de los que se requerirá de manera obligatoria al menos 10 minutos de descanso, el que debe ser sin uso de pantallas y ojalá al aire libre, aconseja Michelle Levy.
  1. Otra metodología que funciona muy bien, según la psicopedagoga, es utilizar las tecnologías al servicio de los aprendizajes. Cuando el uso de pantallas es guiado, puede ser de gran utilidad, abriendo un mundo ilimitado de información. La supervisión debe ser también una guía, enseñándoles a navegar por la web y a discriminar la información verídica, útil y de fuentes confiables.
  1. Monitoreo y apoyo: Es importante que los papás acompañen a los niños en el proceso de aprendizaje. Algunos van a requerir más ayuda y otros serán más autónomos, pero dejarlos solos en su proceso de aprendizaje es entregarles mucha responsabilidad, pues muchas veces -por el mismo desarrollo- no van a ser capaces, explica la doctora Villar.
  1. Ambiente adecuado y refuerzos positivos. Para poder apoyarlos en la casa y motivarlos, es importante poner ciertas normas, reglas y apoyar y supervisar que estudien. Hay que facilitar que tengan un ambiente adecuado, que no estudien con el celular al lado, con TV ni con música. Pero también debemos hacer refuerzos positivos más que castigos y premios. Por ejemplo, “estudiamos y después vemos la teleserie que nos gusta”.
  1. Respetar tiempos y espacios. Si bien hay que dedicar tiempo al estudio, se debe respetar que no sea el único momento que compartimos con nuestros hijos porque puede tener un impacto negativo en la relación padre-hijo. Entonces, si bien es importante que puedan apoyar y compartir en el proceso de aprendizaje no es sano que sea la única actividad que compartamos con ellos.
  1. No siempre los papás son el mejor profesor. A veces los padres no saben cómo enseñar una materia a los hijos, o los chicos no aceptan muy bien la ayuda del papá o la mamá y esta dinámica termina deteriorando la relación, entonces en esos casos, es mejor que intervenga un tercero. Puede ser un profesor particular, pero si no están los recursos, se aconseja pedir ayuda en el colegio o a un hermano, una tía o a otro apoderado. “Si por tratar al niño vamos a pelear, se van a generar tensiones que después pueden afectar otras áreas, no vale la pena. El costo es mucho más caro, porque el costo es de la relación y eso es impagable”, asegura la psiquiatra de SERJOVEN.

Finalmente, la doctora María José Villar recalca que si bien el rendimiento académico es un área de mucha preocupación de los padres, este refleja sólo un aspecto del desarrollo de un niño, no todo, por lo tanto se tiene que evaluar en general y no quedarnos sólo en la nota.

“Cada niño es un mundo. Debemos respetar la diversidad, así será más fácil ajustar nuestras expectativas como padres y entregar un apoyo real a las dificultades. Mantener una comunicación fluida y amable en todo momento y no dudar en pedir ayuda cuando la situación se convierta en un problema”, concluye la psicopedagoga Michelle Levy.