El sobrepeso y la obesidad son dos problemas que han conquistado la mayoría de los países desarrollados y en vías de desarrollo. La razón se debe, principalmente, al alto consumo de azúcar que existe en sus habitantes.

A partir de eso, se inició una búsqueda por reemplazar el dulzor de la sacarosa por otros productos que dieran un sabor parecido a las diferentes preparaciones, creando así un boom de la venta de los endulzantes y decenas de alternativas en el mercado, en diferentes formatos. De esta forma surgieron los edulcorantes naturales y artificiales, calóricos y no calóricos.

Estos últimos son utilizados como estrategia en el tratamiento del exceso de peso ya que pueden ayudar a la pérdida de peso como también mejorar la adhesión de la dieta. Por otra parte, son ampliamente recomendados para personas que padecen diabetes o resistencia a la insulina ya que contribuyen al control de los niveles de glucosa en la sangre.

"El uso de endulzantes es de gran ayuda a la  hora de reducir el consumo diario de calorías pero si el objetivo es bajar de peso siempre se debe acompañar de una dieta saludable y equilibrada como también por la realización regular de actividad física", explica María Fernanda Jara, nutricionista de Daily Foods, empresa de alimentación saludable.

En Chile, son cuatro los endulzantes más comercializados: la sacarina, el aspartamo, la sucralosa y la stevia. Los primeros dos caen en la clasificación de artificiales mientras que los dos últimos se consideran de origen natural. Todos estos productos han sido evaluados por diversas organizaciones que garantizan su inocuidad antes de salir al mercado, es decir son productos aptos para el consumo humano.

A pesar de que han sido aprobados para su consumo, existen muchas controversias debido a que su uso se podría asociar a efectos no deseables o contrarios al objetivo principal de su uso. Es por esto, y porque aún los estudios no son concluyentes, la especialista recalca que se debe hacer un llamado a la población de consumir estos productos de manera responsable e informada, respetando la dosis máxima de consumo según las recomendaciones realizadas por diversas organizaciones internacionales como la FAO (Food and Agriculture Organization) y la OMS (Organización Mundial de la Salud).