Bocinazos a otros conductores, mal trato en restaurantes y tiendas, gritos desproporcionados a familiares, amigos y empleados, son reacciones que se pueden asociar a este problema conductual. Sin embargo, la psicóloga de Clínica Santa María, Sandra Navarrete, explica que se puede manejar a través de medicamentos y terapias que ayudan a disminuir estos ataques de ira.

El trastorno explosivo intermitente (TEI) es una condición que afecta a un 8% de la población con condiciones psicológicas y que principalmente se presenta en hombres durante el inicio de la adolescencia. “Las personas con este problema exhiben arrebatos recurrentes en el comportamiento, que se manifiestan física y/o verbalmente y reflejan una falta de control de los impulsos agresivos, siendo desproporcionados en relación al estímulo o factor que los desencadenaron”, manifiesta la psicóloga de Clínica Santa María, Sandra Navarrete.

Además, estos actos se caracterizan por no ser premeditados, ya que son provocados por la ira. Esto produce un malestar en el individuo y en sus relaciones interpersonales en general, por ejemplo, con la familia y los compañeros de trabajo.

Aunque el TEI tiene causas desconocidas, existen algunos factores que lo predisponen como el medio ambiente –personas que hayan crecido en un contexto donde la violencia verbal y física eran parte de la dinámica familiar– y la genética.

Síntomas y tratamientos

La psicóloga recomienda consultar cuando una persona mayor de 6 años ha tenido 3 o más arrebatos físicos que hayan provocado daño a una propiedad u objeto, o lesiones a animales o individuos, en los últimos 12 meses. “También en los casos en que ha existido agresión verbal, berrinches y peleas en promedio 2 veces por semana en un período de tres meses”, explica la especialista.

Los síntomas que se presentan antes o durante el episodio agresivo –el cual no dura más de 30 minutos y que entre sí pueden estar separados por días, semanas o meses– son irritabilidad, aumento de energía, pensamientos agresivos, hormigueo, temblores, palpitaciones, opresión en el pecho o presión en la cabeza. “Después del ataque, en tanto, la persona puede tener una sensación de cansancio o alivio mental”, agrega la psicóloga.

La psicóloga advierte que los arrebatos no se pueden relacionar a otros problemas mentales –como bipolaridad o trastorno de personalidad limítrofe–, a enfermedades médicas como Alzheimer, ni a los efectos fisiológicos del alcohol o drogas. “También es importante no confundirlo con el trastorno negativista desafiante (comportamiento rebelde y desobediente ante las figuras de autoridad) o déficit atencional con hiperactividad”, añade.

En cuanto al tratamiento, en general este incluye fármacos –como antidepresivos, anticonvulsivos, ansiolíticos y estabilizadores del ánimo según las necesidades de cada caso– y una terapia cognitivo-conductual, en donde se le enseña al paciente a identificar los factores gatillantes de la crisis, control de la ira, respuestas apropiadas a los estímulos, solución de conflictos, técnicas de relajación, respiración y reestructuración cognitiva. “Generalmente, se recomienda a los pacientes aprender rutinas que puedan practicar diariamente en su casa y realizar ejercicio físico, ya que ayuda a bajar los niveles de ansiedad y estrés”, finaliza Sandra Navarrete.