Con las altas temperaturas registradas en las últimas semanas en muchos lugares la temporada de piscinas ya se inauguró. Sin embargo, con ello no solo aumentan las horas de diversión sino que también los riesgos de sufrir molestias en los ojos tras horas de sumergirse en el agua.

Un refrescante chapuzón en una piscina es el panorama ideal para disfrutar de los días de verano. Sin embargo, con ello no solo aumentan las horas de diversión sino que también la exposición a diversos agentes que pueden provocar irritaciones, infecciones y molestias en nuestros ojos sin los cuidados necesarios. 

Por ello, es importante tomar los resguardos necesarios sobre todo con los niños, que son quienes más disfrutan de este pasatiempo en la época estival.

Para el especialista Víctor Ortiz, oftalmólogo de Clínica Oftalmológica Providencia (www.cop.cl), existe una serie de factores a los que un bañista se ve enfrentado al zambullirse en una piscina.” A todas las personas, en mayor o menor magnitud, se le ponen los ojos rojos al tenerlos en contacto con el agua de una piscina”, comenta el médico.

Según explica Ortiz, dentro de los factores más comunes que se encuentran en este tipo de instalaciones son los contaminantes provenientes de los mismos bañistas, tales como, células muertas, baterías, y hongos, productos cosmetológicos como protectores solares, cremas, desodorantes, entre otros; y químicos agregados al agua para mantener su PH y controlar el nivel bacterial, como es el caso del Cloro.

Así, las enfermedades a las que nos enfrentamos al disfrutar de un día de piscina son principalmente conjuntivitis, queratitis y dermatitis palpebral.

Para evitar estos daños y no pasar un mal rato, el especialista recomienda que las piscinas públicas sean reguladas y evaluadas en cuanto a su composición por organismos fiscalizadores. En este sentido, señala que es primordial visitar lugares que cuenten con la autorización del Servicio de Salud.

En tanto, para las de uso doméstico aconseja que se debe tener precaución con la cantidad y frecuencia con que añadimos cloro al agua, ya que un exceso de este compuesto irritante puede causar un grave daño a nuestros ojos.

Asimismo, Ortiz establece la necesidad del uso de anteojos para el agua, evitando así la sobreexposición y en especial los molestos ojos rojos. De acuerdo con Ortiz, este cuidado es fundamental en los más pequeños.

Finalmente, el especialista señala que si el rojo del ojo no desaparece luego de 24 horas posteriores a la exposición, se recomienda consultar con un oftalmólogo a modo de precaución.