La sarna o escabiosis se transmite por contacto físico con una persona contagiada, siendo el hacinamiento el principal factor de riesgo, asegura la Dra. Nelly Baeza, directora del Centro de Salud Pública U. Central.

El reciente caso del surgimiento de sarna en un establecimiento educacional de Concepción, afectando a estudiantes y profesores, volvió a poner esta enfermedad en los medios.

La sarna o escabiosis es causada por el ácaro Sarcoptes scabiei var. hominis, un parásito humano obligado que vive en túneles que excava en el estrato córneo, y se transmite fácilmente de una persona a otra por contacto físico. Al inicio, aparecen pápulas eritematosas en los espacios interdigitales, superficies de flexión de la muñeca y el codo, pliegues axilares, alrededor de la cintura o en la región inferior de los glúteos.

“Las pápulas o lesiones eruptivas pueden afectar cualquier otra parte del cuerpo, incluidos las mamas y el pene. La cara no se ve comprometida en los adultos. Los túneles o surcos, en general en muñecas, manos o pies, son síntomas propios de la enfermedad y se manifiestan como líneas finas, onduladas y ligeramente descamadas de varios milímetros a 1 cm de longitud. La persona afectada suele tener 10 a 12 ácaros y a veces se produce una infección bacteriana secundaria”, explica la Dra. Nelly Baeza, directora del Centro de Salud Pública de la Universidad Central

Los signos de la enfermedad pueden ser atípicos. Por ejemplo, en personas de etnia negra y de piel oscura, la escabiosis puede presentarse con nódulos granulomatosos. En lactantes, pueden verse afectadas las palmas, las plantas y el cuero cabelludo, sobre todo los pliegues retroauriculares; mientras que en los ancianos puede cursar con prurito intenso y hallazgos cutáneos sutiles, lo que dificulta el diagnóstico.

El diagnóstico se realiza sobre la base de la exploración física y los raspados. El tratamiento es con escabicidas tópicos o, en raras ocasiones, por vía oral.

Factores de riesgo

El factor de riesgo más importante son las situaciones de hacinamiento (colegios, refugios, barracas militares y algunos hogares); no existe una asociación clara con una higiene deficiente.

La Dra Baeza añade que, por razones que se desconocen, la escabiosis costrosa es más frecuente entre pacientes inmunodeprimidos (p. ej., quienes tienen infección por HIV, cáncer hematológico, empleo crónico de corticoides u otros inmunodepresores), aquellos con discapacidades físicas o intelectuales graves y en aborígenes australianos.

“Los pacientes que viven en climas templados pueden desarrollar pequeñas pápulas eritematosas con algunos túneles. La gravedad del cuadro se relaciona con el estado inmunitario del paciente, no con la zona geográfica. De hecho, en pacientes inmunodeprimidos, existe una descamación no pruriginosa generalizada (sobre todo en las palmas y plantas en adultos y también en el cuero cabelludo en los niños)”, concluye la facultativa.