El Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) es una enfermedad de origen neurológica, que produce molestas sensaciones en las extremidades, principalmente en las piernas, al permanecer sentado o acostado por un período prolongado. La neuróloga de Centros Médicos Vidaintegra, Dra. Carolina Gallegos, explica en qué consiste este trastorno, cuáles son los síntomas y se refiere a las opciones de tratamientos que existen para combatirlo.

La mayoría de las personas que presentan este síndrome, aseguran que las molestias son difíciles de describir, ya que no corresponden precisamente a un dolor, calambre ni hormigueo, sino que se trata de una sensación desagradable en lo profundo e interior de las piernas, cuyo alivio se logra al caminar, apretar la musculatura con las manos, dar pequeños golpes, frotar o poner las extremidades bajo agua fría. El malestar tiene diferentes intensidades, llegando incluso a producir severos cuadros anímicos como de ansiedad o depresión.

El SPI o enfermedad de Willis-Ekbom, genera repercusiones importantes en la calidad de vida de las personas afectadas, ya que se manifiesta hacia finales del día, por lo que impide conciliar el sueño de forma agradable y reponedora. Así lo explica la neuróloga de Centros Médicos Vidaintegra, Dra. Carolina Gallegos, quien agrega que este trastorno “provoca síntomas como exceso de somnolencia, desconcentración e irritabilidad, sumado a la alteración del sueño de la persona que comparte la habitación”.

A nivel mundial, las estadísticas indican que entre un 10 y 15% de la población adulta padece esta patología, que se da principalmente en mayores de 50 años. En Chile, se estima una prevalencia del 13%, sin embargo, hasta ahora no existen estudios exactos debido a las dificultades para diagnosticar la enfermedad, sumado a que los afectados tienden a no consultar con un especialista.

¿Cómo reconocerlo?

Para un buen diagnóstico, es necesario tener en cuenta la existencia de familiares con el mismo trastorno, antecedentes de respuesta a fármacos dopaminérgicos (tratamiento para la enfermedad) y la presencia de movimientos periódicos de las piernas durante el sueño, e incluso algunas veces durante la vigilia en más de un 80 % de los casos. La evolución del SPI suele ser crónica y lentamente progresiva.

Este síndrome suele ser confundido con la enfermedad denominada “Movimiento Periódico de Extremidades durante el Sueño” (PLMS) que consiste en movimientos estereotipados, es decir, aparecen periódicamente durante la noche, con una duración que puede variar desde minutos a horas. Se caracteriza por la extensión del pie y primer dedo, con flexión de tobillo, rodilla y cadera, tipo sacudida, mientras el paciente duerme.

Otros diagnósticos diferenciales son la acatisia (inquietud motora), trastornos del sueño REM, mioclonías hípnicas, -fenómeno de sacudidas de una o varias partes del cuerpo al iniciar el sueño, las cuales se consideran normales-, poli-neuropatías, ansiedad, entre otras patologías.

“Si la enfermedad no es bien detectada, a través de una adecuada entrevista al paciente, puede ser confundida con otras condiciones que afectan el tiempo y calidad de sueño. De ahí la importancia de consultar a un especialista para identificar la condición clínica y efectuar el tratamiento adecuado”, explica la Dra. Gallegos.

Tratamiento

La neuróloga aclara que cuando ya ha sido identificada la condición clínica como Síndrome de Piernas Inquietas, el tratamiento debe considerar los siguientes factores:

  • Frecuencia de aparición de los síntomas.
  • Severidad de los síntomas.
  • Afectación de la calidad de vida.
  • Existencia de comorbilidades.
  • Tratamientos previos.
  • Si la causa es primaria o secundaria a alguna condición metabólica corregible.

Se debe tener en cuenta que el tratamiento de SPI no es curativo y no evita el curso de la enfermedad. En cambio, lo que busca es adquirir y/o corregir una adecuada higiene de sueño. Por ello, considera el uso de medicamentos como agonistas dopaminérgicos y suplementos de fierro que incluso puede llegar a ser de uso endovenoso. En algunos casos, también se pueden utilizar antiepilépticos, opiáceos, y otros como benzodiacepinas, antidepresivos y acupuntura, como complemento a la terapia.

Si tiene sospechas de padecer SPI, la especialista recomienda ser evaluado por profesionales en esta materia, quienes determinarán la intensidad de los síntomas para obtener un buen diagnóstico y analizar las alternativas de tratamiento –farmacológico o no- que más se adecuen a su enfermedad.

 

La nutricionista de Clínica Santa María, Bernardita Vignola, explica las ventajas de consumir estos alimentos en las temporadas de frío y las cantidades ideales para mantener una dieta equilibrada.

Se acerca el invierno, con días fríos y lluviosos que propician la aparición de resfriados y gripes. Es por esto que se hace necesario comenzar a ingerir frutas y verduras que contengan vitaminas y minerales para ayudar a prevenir y combatir estas enfermedades, además de cooperar en la mantención de una dieta equilibrada y saludable.

“Al consumir frutas, es recomendable elegir las correspondientes a esta temporada del año ya que se encuentran en su máximo esplendor y garantizan todas sus propiedades y beneficios”, destaca la nutricionista de Clínica Santa María, Bernardita Vignola.

Entre los nutrientes más comunes en las frutas están la vitamina A que ayuda en el proceso de renovación de células, la B que actúa principalmente en el sistema nervioso y la C que evita el envejecimiento prematuro y las enfermedades cardíacas. La vitamina K, en tanto, colabora en la coagulación sanguínea y  en los procesos de cicatrización.

Además, la especialista agrega que las frutas contienen una gran cantidad de azúcar (fructosa) la que puede generar un aumento de peso si éstas se consumen en exceso, por lo que se recomienda ingerir no más de 2 a 3 porciones al día.

Entre las frutas de invierno están:

  • Caqui: Entre sus componentes están las vitaminas A, B1 y B2, potasio, fibra (que ayuda a regular la digestión) y antioxidantes, que mejoran la visión, las defensas del organismo, la reparación de tejidos y huesos. La porción ideal es una unidad del tamaño de una pelota de tenis.
  • Kiwi: Esta fruta es un antioxidante que ayuda a prevenir el envejecimiento prematuro, además de contener fibra y vitamina C. Se aconsejan dos unidades.
  • Membrillo: Sus principales nutrientes son la vitamina A y C, potasio, fibra y taninos, los cuales tienen propiedades astringentes (para combatir la colitis) y antinflamatorias. “El problema del membrillo es que se debe consumir cocido, y al cocerlo se pierden algunas vitaminas y minerales. Lo ideal es hacerlo sin azúcar y reservar el líquido para consumirlo en reemplazo del agua”, comenta la nutricionista. La porción debe ser una unidad pequeña.
  • Naranja: La cantidad recomendada es una unidad. Este cítrico contiene vitaminas A y C, potasio y fibra. Además de las ventajas que tiene al ser un antioxidante, previene algunos tipos de cáncer.
  • Pera: Contiene vitamina C, K y fibra. La porción apropiada es una unidad.
  • Plátano: Al ser una fruta rica en azúcar, es recomendable consumir sólo la mitad de ésta, por lo que al comer un plátano entero se están consumiendo dos de las tres porciones recomendadas al día. Es buena fuente de potasio.
  • Uvas: “Son altamente calóricas por su contenido de azúcar, por lo que la porción recomendada es de 10 - 15 granos dependiendo del tamaño”, detalla Bernardita Vignola. Contienen vitamina A, fibra y antioxidantes.
  • Manzana: Rica en fibra, vitamina C, potasio y taninos. “Si se come con piel ayuda al estreñimiento, si se come pelada ayuda a episodios de diarrea”, añade la especialista. La porción ideal es una unidad del tamaño de una pelota de tenis.
  • Higo: Vitamina C, hierro, calcio, potasio y fibra son los componentes con los que cuenta este fruto. La porción recomendada son dos unidades.
  • Granada: Entre las vitaminas y minerales que entrega están la B1, B2, C y niacina, la cual ayuda al funcionamiento del aparato digestivo, la piel y los nervios. Además contiene potasio, hierro, magnesio y fósforo. “La granada tiene un gran poder antioxidante y ayuda a regular la digestión por su contenido en fibra. La porción adecuada es media taza de semillas”, afirma la experta de Clínica Santa María.

En cuanto a la cantidad de fruta que se debe ingerir, la especialista sostiene que, en general, lo ideal es comer tres porciones de este alimento al día. “Por ejemplo, una persona puede consumir 15 granos de uva, dos higos y una manzana en todo el día y estará dentro de la cantidad recomendada”, finaliza.

 

Este 28 de julio, en el Día Internacional contra la Hepatitis, aprende a diferenciar los distintos tipos, sus formas de contagio y cómo prevenirlas.

Las hepatitis A y E, son causadas por la ingestión de agua o alimentos contaminados, mientras que la B, C y D son generadas por el contacto con secreciones corporales infectadas, y en el caso de la hepatitis B, existe la posibilidad de transmisión por parte de la madre al niño en el parto. Las maneras de contraer la hepatitis pueden ser estando en contacto con personas infectadas, bebiendo agua no potable o consumir alimentos contaminados.

Sodexo Servicios de Beneficios e Incentivos, te enseña cómo protegerte de las enfermedades que provoca el virus de la hepatitis. Este grupo de enfermedades (hepatitis A, B, C, D y E) genera la inflamación e irritación del hígado, lo que podría evolucionar a una fibrosis, a una cirrosis o un cáncer de hígado. 

“Es importante que las personas conozcan los distintos tipos de hepatitis y que estén conscientes de los riesgos de contraer algunos tipos de esta enfermedad provocado por no lavarse la manos constantemente, el consumo de agua no potable o comer alimentos no seguros“, asegura Paulina Hernández, nutricionista y Jefe del Programa Vivir Bien de Sodexo Servicios de Beneficios e Incentivos.

Prevención de la Hepatitis A- E

Según la Organización Mundial (OMS), casi todos los pacientes se recuperan totalmente y adquieren la inmunidad de por vida. Existe una vacuna para prevenir su contagio.

Dentro de las medidas preventivas están:

  • Lavado de manos: cada vez que entre en contacto con sangre, heces u otros fluidos corporales de personas infectas es necesario lavarse las manos.
  • Evitar el agua y los alimentos contaminados o que se sospeche o tenga duda que lo están.
  • Evitar los lácteos no pasteurizados.
  • Evitar carnes y pescados crudos.
  • Si no hay agua potable disponible o se tiene duda que lo sea, hervirla para eliminar las bacterias o virus.

Prevención de la Hepatitis B- D: Según la OMS, más de 680.000 personas mueren al año como consecuencia de la Hepatitis B.

Se transmite por secreciones corporales infectadas, por lo que para prevenir su contagio es primordial que la población cuide su exposición a estas.

¿Quiénes son las personas que están en mayor riesgo de contraer hepatitis B?

  • Lactantes y niños (hasta los seis años), son los más expuestos al riesgo de sufrir infecciones crónicas.
  • Consumidores de drogas inyectables.
  • Personas con múltiples parejas sexuales.
  • Personal sanitario.
  • Personas que están en contacto con personas infectadas de hepatitis

Es importante destacar que existe una vacuna para evitar contraer esta enfermedad, la cual es muy segura y eficaz por su duración de hasta 20 años y se recomienda a los grupos de riesgo, por ejemplo, personal del área de la salud que trabaje en centros hospitalarios.

Prevención de la Hepatitis C: cada año aproximadamente 700.000 personas mueren por esta enfermedad.

  • Se transmite casi siempre por exposición a sangre o inyecciones con instrumentos contaminados y no existe una vacuna para prevenirla.

 

Si bien toda la población está expuesta a las bajas temperaturas y malas condiciones del aire, son los niños/as los más vulnerables a contraer cuadros respiratorios que necesiten eventualmente atención de urgencia. Que toda la familia se mantenga protegida y libre de contagios se vuelve un verdadero desafío, pero hay una serie de medidas que se pueden aplicar para evitar tener que concurrir a un centro médico.

Llega el invierno y se repite la misma historia de todos los años: centros asistenciales que no dan abasto y niños congestionados con cuadros respiratorios muy serios. No es sorpresa que Chile tiene cada vez peores índices de calidad del aire en varias ciudades, pero si a eso se le suman las bajas temperaturas y eventos climáticos que están acompañando a las estaciones más frías del año, la combinación permitirá ver este escenario una y otra vez.

La contaminación del aire es un problema mundial que afecta principalmente a las grandes ciudades en países desarrollados y subdesarrollados, con consecuencias para la salud de la población, que tienen relación con enfermedades respiratorias, cardiacas y otras. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estado desde hace ya un par de décadas monitoreando estos índices, debido al alto porcentaje de muertes relacionadas a estas condiciones. Chile, especialmente su capital, es uno de los lugares que mayor preocupación genera, dado que los niveles de gases emitidos superan los rangos recomendados por la OMS.

Si bien la relación entre la mala calidad del aire y los cuadros respiratorios típicos de invierno parece bastante obvia, no fue hasta el 2015 que una investigación publicada por la Revista Médica de Chile corroboró la asociación directa que existe entre las enfermedades respiratorias y la estación invernal. Los datos recopilados en la comuna de El Bosque permitieron establecer notorias diferencias entre la concentración diaria del material particulado y los gases entre invierno y verano. Es así como las malas condiciones de ventilación y las bajas temperaturas representan una amenaza para los más pequeños.

Para evitar que los resfríos y enfermedades empeoren, es importante que los niños no sufran grandes cambios de temperatura, estén bien abrigados en caso de salir, reforzar su sistema inmune con una dieta rica en Vitamina C y no dejar que la transpiración de la ropa al jugar se quede por mucho tiempo. En caso de presentar fiebre, la recomendación de los expertos es mantener la calma y no concurrir innecesariamente a los centros de urgencia de las clínicas y hospitales, porque muchas veces se trata de síntomas manejables y al exponerlos a los virus y bacterias que se encuentran normalmente en estos recintos puede ser contraproducente.

¿Qué síntomas pueden tener los/as niños/as con fiebre y cuándo uno se debe preocupar?

La fiebre es el aumento de la temperatura del cuerpo por encima de las variaciones normales de todos los días. En los menores, se considera fiebre cuando el termómetro marca igual o mayor a 38° Celsius si es rectal o a 37,6° Celsius si es axilar. Es importante establecer que el cuadro febril no es una enfermedad, sino una forma que tiene el cuerpo de defenderse y la mayoría de las veces desaparece en un par de días.

Las causas más comunes de fiebre son: infecciones respiratorias por virus, gripe, faringitis y dolores de garganta, otitis, enfermedades virales (eruptivas), dentición, reacciones a las vacunas, gastroenteritis, infección urinaria y meningitis, entre otras.

Cuando la fiebre es intensa, no necesariamente significa que la enfermedad se agravó, dado que algunos cuadros pueden causar fiebre alta. Mejor es verificar si hay otros síntomas presentes, ya que estos pueden indicar si es hora de consultar a un médico. En algunos casos, la fiebre viene acompañada de falta de conciliación del sueño, pérdida del apetito y del interés por jugar, menor actividad o poca energía o, por el contrario, irritabilidad y con llanto difícil de calmar. Si se presenta alguno de los siguientes signos es hora de concurrir a un experto:

-Letargia: no come, tiene tendencia a dormirse, está muy pálido.

- Erupción en la piel: manchas rojas pequeñas en la piel que no desaparecen al hacer presión sobre ellas o al estirar la piel alrededor.

- Dificultad para tragar: no puede tragar y babea excesivamente.

- Dificultad para respirar: no respira normalmente, incluso después de limpiarle la nariz con la perita de goma.

- Cambio en el ánimo: parece delirante, con ojos vidriosos, o muy irritable.

El cuadro febril puede ser tratado con el uso responsable de medicamentos paliativos, antivirales y analgésicos. Kitadol Infantil está creado para niños de entre 2 y 12 años, y cada edad tendrá una dosis diferente para los tratamientos de la fiebre y dolores leves a moderados.

Kitadol recomienda que el paracetamol no sea administrado por más de cinco días seguidos, por lo que en caso de que los malestares continúen, se recomienda visitar a la brevedad a un médico especialista y en caso de niños, siempre es mejor consultar antes de automedicar.

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La investigación desarrollada por Facultad de Medicina de Augusta University y publicada por el Dole Nutrition Institute arrojó los primeros indicios sobre la importancia de esta vitamina, presente en alimentos como hortalizas verdes y verduras como la coliflor, y que mantienen un corazón sano.

De acuerdo al estudio publicado en el boletín The Journal of Nutrition y difundido por el centro de investigación Dole Nutrition Institute, los investigadores de la Facultad de Medicina de Augusta University, descubrieron que un alto consumo de la vitamina K favorece a la disminución del ventrículo izquierdo, condición que se ubica dentro de las enfermedades cardiovasculares, que permanecen como la principal causa de muerte en Chile y en el mundo.

Por lo general, cuando una persona tiene “un gran corazón” podría ser debido a un crecimiento no saludable de la cámara de bombeo principal de su corazón (el ventrículo izquierdo, también conocido como VI. Esta condición se observa con mayor frecuencia como resultado de una presión sanguínea alta en adultos cuyos corazones han trabajado en exceso bombeando sangre al cuerpo. La evidencia sugiere que este crecimiento, considerado como una anormalidad estructural, puede iniciarse en la infancia, incrementando la probabilidad de una enfermedad cardiovascular en la adultez.

En ese sentido, los investigadores de la Facultad de Medicina de Augusta University realizaron un examen completo a 766 menores de entre 14 y 18 años de edad incluyendo la altura, peso y estructura y función del VI (ventrículo izquierdo) por medio de una ecocardiografía. Se evaluaron los micronutrientes de sus dietas como carbohidratos, proteínas, grasas y vitaminas incluyendo vitamina K, por medio de un nutricionista certificado, de 3 a 7 veces durante 12 semanas. De manera interesante, descubrieron que únicamente 25% de los participantes cumplió con el consumo adecuado de vitamina K. En cuanto al corazón, se observó un crecimiento del VI y su disminución a medida que se incrementaba el consumo de Vitamina K para el VI. Se cree que este es el primer estudio de su tipo en observar este nutriente entre la población pediátrica.

¿Dónde encontrar la vitamina K?

El nombre Vitamina K viene de la palabra germana “koagulation” (coagulación), en referencia a la primera función de la vitamina en la coagulación de la sangre. Es una vitamina soluble en grasa que también ayuda a fortalecer los huesos, combatir el cáncer y prevenir las enfermedades cardiacas. La vitamina K se puede encontrar en dos formas: la K1 en fuentes vegetales como por ejemplo verduras como el repollo liso, crespo y morado, espinaca y brócoli; mientras que la K2 se encuentra en fuentes animales como las carnes y los huevos.

Fuente: Dole Nutrition Institute

 

 

En los últimos años, la vitamina D, también conocida como la “vitamina del sol”; se ha convertido en una de las principales preocupaciones del área de la salud. Esto se debe principalmente a que la población tiene un gran déficit de ésta, lo que se relaciona a mayores tasas de infecciones respiratorias, enfermedades autoinmunes, alergias y también cáncer.

Según la última Encuesta Nacional de Salud, el 84% de las mujeres entre los 15 y los 49 años tiene insuficiencia de vitamina D, del cual el 13% tiene un déficit severo. Mientras que en los adultos mayores, sólo el 13,4% tiene un nivel aceptable.

Según explica la nutricionista de la empresa de alimentación saludable Daily Foods, María Fernanda Jara, la importancia de este compuesto es que se asocia principalmente con la mantención de huesos sanos y firmes, ya que es capaz de actuar a nivel intestinal promoviendo la absorción de calcio y fósforo proveniente de los alimentos que consumimos, y también ejerce sus funciones en los huesos, facilitando la reabsorción de estos minerales que se encuentran circulando en la sangre.  Además de estas funciones, tiene otras acciones en el organismo, las cuales no tienen nada que ver con la salud de los huesos.

Algunos estudios señalan que la deficiencia de esta vitamina no sólo se asocia al desarrollo de enfermedades relacionadas con el esqueleto, como es el caso del raquitismo en los niños y la osteoporosis en los adultos, sino que también su déficit se relaciona con la aparición del denominado síndrome metabólico, la diabetes tipo 2, la diabetes gestacional, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

Sin embargo, asegura la experta, aún no se tiene claridad de cuál es exactamente la relación entre la deficiencia de esta vitamina y el desarrollo de estas enfermedades no transmisibles, pero existen algunas teorías como que su déficit aumenta la resistencia a la insulina, aumenta los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, y aumenta los niveles de presión arterial.

¿De dónde se puede obtener la vitamina D?

La principal fuente para obtener esta vitamina es a través de la exposición al sol. La vitamina D proviene de la provitamina D3, un compuesto producido naturalmente en la piel de muchos mamíferos, incluyendo a los humanos. Este compuesto al ser expuesto a los rayos solares se transforma en la vitamina D, la cual tras sufrir otras transformaciones dependientes del hígado y de los riñones, ya puede ser utilizada por nuestro organismo.

“Las personas con piel morena u oscura también son considerados como pacientes en riesgo cuando hablamos de posibles deficiencias de esta vitamina, esto se debe principalmente a que necesitan una exposición al sol más prolongada que las personas de piel clara para sintetizar la misma cantidad de vitamina activa”, afirma la nutricionista de Daily Foods.

También existen algunos alimentos que  contienen vitamina D, pero se debe considerar que la dieta sólo aporta un 20% de los requerimientos totales de la vitamina. Los alimentos fuentes son: los pescados grasos como el atún y el salmón, el hígado de vacuno, la yema de huevo, el queso y algunos alimentos que han sido fortificados, es decir, se les agrega esta vitamina, como algunas marcas de cereales.

“Es importante que las personas monitoreen sus niveles de vitamina D a través de exámenes de sangre que se pueden solicitar al médico. En caso de ser necesaria la suplementación, esta también debe ser indicada por un profesional ya que las dosis de esta vitamina varía según la edad”, asegura Jara.

¿En qué casos se debe considerar la suplementación de esta vitamina?

  • En adultos mayores, ya que generalmente se exponen menos al sol. Además de esto, existen otros factores como una dieta inadecuada, la disminución de la absorción de nutrientes a nivel intestinal y el uso de algunos fármacos que pueden interferir con el metabolismo de esta vitamina.
  • En lactantes alimentados con leche materna, ya que ésta tiene bajo contenido de esta vitamina, además que no se recomienda exponer a los niños menores de 6 meses al sol. Incluso cuando los lactantes comienzan a comer alimentos, se recomienda mantener la suplementación ya que el aporte a través de la dieta es insuficiente.
  • En personas que viven en zonas australes del país, esto sobre todo durante las estaciones de otoño e invierno ya que la exposición a los rayos solares es escasa.
  • Pacientes que se han sometido a cirugía bariátrica o que padecen enfermedades de malabsorción de nutrientes, como son la enfermedad de Crohn y la enfermedad celíaca. 

 

El no ocupar anteojos con filtro UV  en la nieve podría provocar incluso ceguera temporal, debido a que los rayos solares a mayor altura son más dañinos al hacer contacto con la nieve fresca, siendo más peligrosos que los efectos que produce en el mar o las piscinas.

La temporada invernal ya se abrió, por ello  debemos tener cuidado con nuestra vista al subir a disfrutar de la nieve. Según datos entregados por la Organización Mundial de la Salud OMS, el reflejo de la nieve fresca llegaría hasta un 80% de los rayos UV, comparados por ejemplo con el cemento o el agua que sólo llega a un 10%. Además se debe tener en cuenta que cada 1.000 metros de altura la proporción de los rayo UV aumenta un 10%, por eso la importancia de cuidar nuestra vista.

La exposición sin protección puede provocar Fotoqueratitis (o queratitis actínica) llamada también, ceguera de la nieve, que daña la córnea. El cuidado de nuestros ojos es muy importante al exponerse en la montaña, porque si bien es cierto que la Radiación UV es un poco más baja durante el invierno, el efecto espejo que produce la nieve puede doblar la exposición real.

Según el oftalmólogo del Centro Puerta del Sol, doctor Juan Pablo Cavada, entrega estos sencillos consejos para no tener problemas a oculares en la nieve, “utilizar lentes de sol o antiparras que reduzcan el resplandor y que cumplan con altos niveles de aislamiento ultravioleta. Lo ideal, son los modelos que poseen protección lateral para evitar cegueras y quemaduras por reflejo, con una protección del 100% de la radiación UV, siendo así como debemos pedirlos al adquirirlos en una óptica acreditada; además  se aconseja, utilizar gorros especiales o pasamontañas, para bloquear la zona de los ojos en condiciones de viento blanco”.

Si aparecen síntomas como, “sensibilidad extrema a la luz, dolor de ojos, disminución de la agudeza visual, estas suelen desaparecer  en 24 horas, realizando  reposo en total oscuridad, con los ojos cerrados o lentes oscuros, colocando un vendaje ocular, además de medicamentos locales”, afirma el oftalmólogo Dr. Juan Pablo Cavada de Puerta del Sol.

Por eso, si quieres disfrutar de una gran jornada en la nieve y de nuestra cordillera, toma estas simples recomendaciones, para que tu visita sea entretenida y segura.

 

Los cambios bruscos de temperaturas y un clima inestable muchas veces viene acompañado de malestares y enfermedades. El jefe broncopulmonar de Clínica Dávila, Doctor Felipe Rivera, explica qué es y cómo distinguir entre el Resfrío, Influenza, Faringitis, Bronquitis y Neumonía, que son algunas de las patologías más comunes.

Durante los meses fríos, las enfermedades más frecuentes son las de tipo respiratorio, ya que al haber menor temperatura, se presentan las condiciones ambientales como el encierro, la mayor cercanía física  y  la falta de ventilación de los ambientes (contaminación intradomiciliaria) que facilitan la transmisión de diversos virus. Aunque atacan principalmente al aparato respiratorio superior, si no se cuidan debidamente éstas pueden terminar afectando a los pulmones.

“Las enfermedades que se generan en invierno son de fácil propagación y la población más afectada en esta época son los niños menores de 5 años, quiénes además corren el riesgo de caer rápidamente en dificultades respiratorias serias, y los adultos mayores, especialmente si tienen otras enfermedades crónicas, que necesitan más cuidados para evitar caer en efectos colaterales”, explica el jefe broncopulmonar de Clínica Dávila, Doctor Felipe Rivera.

El especialista añade que las principales patologías son el resfrío común, la gripe o influenza, la faringitis, la bronquitis y la neumonía, las cuales son frecuentemente de causa viral. Éstas, tienen síntomas y tratamientos diferentes para combatirlas, razón por la cual no es aconsejable automedicarse.

Resfrío

El resfrío es la enfermedad más común en la época de invierno, sin embargo, si no se toman las precauciones necesarias, ésta podría convertirse en un problema mayor. “Los síntomas son la congestión nasal, tos, estornudos, dolor de garganta y en algunos casos puede aparecer fiebre baja”, precisa el broncopulmonar.

En cuanto a su tratamiento, el doctor explica que hay que permanecer en reposo y evitar los cambios de temperatura. Su duración es de 3 a 5 días.

Gripe o Influenza

La gripe también es una enfermedad muy común en los meses de frío y cuenta con síntomas similares al resfrío, pero con una intensidad mayor. Esta patología “proviene del virus de la influenza, el cual aparece de manera repentina, con fiebre que puede ser de 38° o más, dolor de cabeza, frecuente dolor muscular, agotamiento general, dolor de garganta, disminución del apetito y es característico una gran sensación de postración que obliga al enfermo estar espontáneamente en reposo”,  distingue el Dr. Rivera.

El problema de esta patología, explica el médico, es que si no se toman las medidas oportunas y no se hace el tratamiento indicado, que suele ser principalmente para eliminar los síntomas, esta puede complicarse y requerir hospitalización, llegando a provocar incluso la muerte, especialmente en los enfermos crónicos o en recién nacidos y ancianos.

“El tratamiento de esta enfermedad requiere que la persona mantenga reposo en cama y una abundante ingesta de líquido. En cuanto a los síntomas como inflamación, fiebre y dolor pueden ser controlados con paracetamol o ibuprofeno, entre otros” añade el especialista de Clínica Dávila.

Faringitis

Esta patología es provocada por una inflamación de la faringe o la garganta, produciendo un fuerte dolor en la zona, la cual se caracteriza por el enrojecimiento e hinchazón provocada en el 80% por virus, aunque también puede producirse por medio de bacterias.

“Los principales síntomas son un intenso dolor de garganta, fiebre, ganglios linfáticos del cuello inflamados, dolores de cabeza, musculares y articulares”, expone el broncopulmonar.

Para la faringitis, no existe un tratamiento específico pero el experto señala que guardar reposo, ingerir una gran cantidad de líquido y consumir analgésicos para calmar los dolores y la fiebre, ayudarán a mejorarse.

Bronquitis

La bronquitis es una enfermedad que se conoce como la inflamación de la pared interna de los bronquios, los cuales son “los conductos por los que circula el aire para llegar a la parte más profunda del pulmón conocida como la zona alveolar, donde se genera el intercambio de oxígeno entre el pulmón y la sangre”, explica el Dr. Rivera.

Entre los síntomas que presenta esta patología está la tos persistente con expulsión de flema, fiebre, cansancio, decaimiento, dolor en el pecho e incluso dificultad para respirar.

“Para combatir este malestar a veces es necesario ingerir antibióticos y medicamentos broncodilatadores que contribuyen a relajar y abrir las vías aéreas en los pulmones. También es importante recordar que en la época en cuestión, la bronquitis también tiene un alto porcentaje de causa viral,” añade el especialista.

Neumonía

Esta es una inflamación total o parcial del pulmón causada por una infección viral, bacteriana y menos frecuentemente por otros agentes como hongos, “aunque en el 40% de las veces las neumonías tienen orígenes desconocidos”, revela el doctor.

Fiebre, escalofríos, sudoración, tos con flema, dolor torácico que aumenta al respirar o toser, dolor de cabeza, musculares y articulares, falta de apetito, debilidad y en algunos casos disnea (dificultad para respirar) son los síntomas de esta enfermedad.

“La neumonía se confirma, en la mayoría de los casos, con una radiografía de tórax y el tratamiento consiste en la administración de antibióticos y en los casos graves que requieren hospitalización, los medicamentos se administran por vía endovenosa aunque hay un porcentaje importante que puede ser tratado ambulatoriamente con medicamentos orales”,  finaliza el experto de Clínica Dávila.