Las vacaciones son la perfecta oportunidad para visitar lugares nuevos, realizar actividades recreativas y hacer deportes al aire libre. Mientras que la mayoría de las veces estos momentos se trasforman en importantes recuerdos, en ocasiones implican riesgos que terminan en peligrosos accidentes. El jefe del Servicio de Urgencia de Clínica Vespucio, Dr. Franco Utili, se refiere a las situaciones que pueden producir la detención de la actividad cardíaca y explica, paso a paso, cómo reaccionar para evitar secuelas o incluso la muerte.

La reanimación cardiopulmonar (RCP) es un procedimiento de emergencia para salvar la vida de una persona que dejó de respirar y cuyo corazón cesó de latir. Esto puede suceder con un ataque cardíaco, después de un golpe de corriente eléctrica, asfixia por inmersión o cualquier otra circunstancia que ocasione la detención de la actividad cardíaca. “El objetivo es mantener el flujo de sangre y oxígeno al cerebro y a otros órganos nobles, lo suficientemente para evitar daños y secuelas neurológicos”, explica el jefe del Servicio de Urgencia de Clínica Vespucio, Dr. Franco Utili.

En esta época, cuando salimos de la rutina y tomamos riesgos en actividades recreativas durante las vacaciones, es especialmente importante saber cómo reaccionar ante un accidente. “La RCP combina respiración de boca a boca y compresiones torácicas”, aclara el especialista, y detalla los pasos que se deben seguir para salvar la vida de un ser querido:

  1. Asegurar el lugar: eliminar los peligros que puedan amenazar la integridad del paciente y de las otras personas, despejando el espacio donde se encuentra el accidentado.
  2. Comprobar el estado de consciencia: arrodíllese a la altura de los hombros de la víctima y agítela con suavidad. Luego, acérquese a su cara y pregúntele en voz alta si se encuentra bien.

Si el accidentado responde, no lo mueva y busque una segunda medida a los síntomas que presente. De lo contrario:

  1. Situar a la víctima en posición de reanimación: boca arriba con brazos y piernas alineados sobre una superficie rígida y con el tórax al descubierto.
  2. Abra la vía aérea: coloque una mano sobre la frente y con la otra presione el mentón hacia arriba, para evitar que la lengua impida el paso del aire hacia los pulmones.

“Si la víctima respira normalmente manteniendo la vía aérea abierta, ubíquela en posición lateral de seguridad y compruebe periódicamente que siga respirando hasta que llegue ayuda especializada”, afirma el urgenciólogo. Cuando esta acción no mejora el estado del paciente, continúe con la RCP:

  1. Inicie las maniobras de reanimación: realice 30 compresiones torácicas en el centro del pecho con sus dos manos e intente hundir el pecho por lo menos 5 cm o un tercio del diámetro antero-posterior del tórax, a una frecuencia de 120 compresiones por minutos.
  2. Respiración boca a boca: Después de las 30 compresiones realice 2 insuflaciones boca a boca con la vía aérea abierta (frente-mentón) y la nariz tapada. Alterne compresiones - insuflaciones en una secuencia 30 compresiones y 2 insuflaciones a un ritmo de 120 compresiones por minuto.
  3. No interrumpa esta acción hasta que la víctima inicie respiración espontánea, se canse o llegue ayuda especializada.

¿Es la misma técnica en niños?

Ante toda persona inconsciente, que no respira o no responde, se debe suponer que está sufriendo un paro cardíaco, por lo que se debe recurrir a RCP. “Cualquier intento de reanimación es mejor que no hacer nada, aun cuando no se realice una técnica perfecta”, afirma Dr. Utili.

No obstante, es importante saber que el procedimiento varía ligeramente dependiendo de la edad o tamaño del paciente. “En niños, la secuencia debe ser de 30 compresiones x 2 ventilaciones si hay un reanimador, y 15 compresiones x 2 ventilaciones si hay dos reanimadores”, especifica el urgenciólogo.

 

Antes de pasar tiempo al aire libre, hay dos cosas que no se pueden olvidar: aplicar protector y usar buenos lentes de sol. Es que en esta temporada, el incremento de la radiación solar es el peor enemigo para los ojos, provocando daños irreversibles en la visión y en los párpados. El oftalmólogo de Clínica Vespucio, Dr. Francisco Alonso, entrega recomendaciones para elegir anteojos que protejan esta delicada zona y explica los riesgos que existen si es que no se toman en consideración estos importantes detalles.

Ya sea en la playa, en la piscina o caminando por la calle. Durante el verano la exposición al sol parece inevitable y sus efectos adversos no sólo se pueden notar en la piel sino también en los ojos.

“La radiación ultravioleta causa daños en distintas estructuras del globo ocular, llegando de forma directa e indirecta, al reflejarse como un espejo en superficies como la arena, el agua y la nieve”, explica el oftalmólogo de Clínica Vespucio, Dr. Francisco Alonso.

De acuerdo a lo señalado por el especialista, las personas se deben proteger los ojos durante todo el año. Sin embargo, hay situaciones -como la exposición al sol en la playa- en las que debemos ser aún más cuidadosos. “Lo mismo ocurre cuando vamos a la montaña; la altura aumenta el riesgo y es común encontrarse con pacientes que sufren de queratitis actínicas o inflamación de la córnea, muy dolorosas y evitables con anteojos de buena calidad”, asegura el oftalmólogo.

¿Cómo elegir los lentes de sol correctos?

Es importante usar anteojos de sol que tengan una buena cobertura frontal y lateral. El Dr. Alonso aclara que si el lente es más o menos oscuro no guarda relación directa con el filtro UV y su capacidad protectora. “Para condiciones extremas –como la altura, la nieve y la playa- se recomiendan lentes espejados, polarizados y más curvos para que protejan mejor los costados”, afirma el especialista.

Además, debemos fijarnos en que tengan protección contra los rayos ultravioleta (UV). “Generalmente, los lentes tienen un instructivo con sus características y recomendaciones de uso, pues dependiendo de la actividad que realicemos y del riesgo que ésta tenga, hay distintas recomendaciones de filtro UV”, explica el doctor Alonso. En actividades de mayor exposición se requerirá mayor filtro.

Problemas oculares a los que nos podemos ver expuestos

Si no protegemos nuestros ojos del sol, los riesgos van desde la pérdida de visión temporal hasta diversas patologías que, dependiendo de la gravedad de la exposición, pueden generar una lesión permanente. El oftalmólogo de Clínica Vespucio detalla las patologías que pueden surgir si no se toman las precaucione necesarias: 

  • Queratitis actínicas (inflamación de la córnea).
  • Pterigión (crecimiento anormal de tejido de la conjuntiva, que es el tejido fino y transparente que cubre la superficie externa del ojo).
  • Catarata (nubosidad parcial o total del ojo).
  • Neoplasias conjuntivales (tumores).

 

 

 

Con las altas temperaturas registradas en las últimas semanas en muchos lugares la temporada de piscinas ya se inauguró. Sin embargo, con ello no solo aumentan las horas de diversión sino que también los riesgos de sufrir molestias en los ojos tras horas de sumergirse en el agua.

Un refrescante chapuzón en una piscina es el panorama ideal para disfrutar de los días de verano. Sin embargo, con ello no solo aumentan las horas de diversión sino que también la exposición a diversos agentes que pueden provocar irritaciones, infecciones y molestias en nuestros ojos sin los cuidados necesarios. 

Por ello, es importante tomar los resguardos necesarios sobre todo con los niños, que son quienes más disfrutan de este pasatiempo en la época estival.

Para el especialista Víctor Ortiz, oftalmólogo de Clínica Oftalmológica Providencia (www.cop.cl), existe una serie de factores a los que un bañista se ve enfrentado al zambullirse en una piscina.” A todas las personas, en mayor o menor magnitud, se le ponen los ojos rojos al tenerlos en contacto con el agua de una piscina”, comenta el médico.

Según explica Ortiz, dentro de los factores más comunes que se encuentran en este tipo de instalaciones son los contaminantes provenientes de los mismos bañistas, tales como, células muertas, baterías, y hongos, productos cosmetológicos como protectores solares, cremas, desodorantes, entre otros; y químicos agregados al agua para mantener su PH y controlar el nivel bacterial, como es el caso del Cloro.

Así, las enfermedades a las que nos enfrentamos al disfrutar de un día de piscina son principalmente conjuntivitis, queratitis y dermatitis palpebral.

Para evitar estos daños y no pasar un mal rato, el especialista recomienda que las piscinas públicas sean reguladas y evaluadas en cuanto a su composición por organismos fiscalizadores. En este sentido, señala que es primordial visitar lugares que cuenten con la autorización del Servicio de Salud.

En tanto, para las de uso doméstico aconseja que se debe tener precaución con la cantidad y frecuencia con que añadimos cloro al agua, ya que un exceso de este compuesto irritante puede causar un grave daño a nuestros ojos.

Asimismo, Ortiz establece la necesidad del uso de anteojos para el agua, evitando así la sobreexposición y en especial los molestos ojos rojos. De acuerdo con Ortiz, este cuidado es fundamental en los más pequeños.

Finalmente, el especialista señala que si el rojo del ojo no desaparece luego de 24 horas posteriores a la exposición, se recomienda consultar con un oftalmólogo a modo de precaución.

 

En esta época aumenta considerablemente el uso de aires acondicionados y las visitas a lugares como termas y lagunas, donde puede estar presente la bacteria  leginoela, causante de la legionelosis.

Durante la época de verano los aires acondicionados funcionan a toda máquina y también es muy común que en vacaciones se visiten lugares con fuentes de agua como termas o lagunas. Y es  precisamente aquí donde hay que tener cuidado, debido a la presencia de una bacteria poco conocida que vive en estos hábitats. Se trata de la legionella, causante de la legionelosis, una enfermedad poco conocida que puede causar neumonía en los pacientes infectados.

Un caso conocido fue el ocurrido en noviembre pasado en uno de los parques de Disneyworld en EE.UU, donde registró un brote de legionelosis el que afectó a cerca de 12 personas que visitaron el lugar. En Portugal también hubo registro de un brote que tuvo como consecuencia la muerte de cinco personas y un total de 46 fueron afectados.

¿En qué consiste esta patología?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la legionela  es una bacteria que se descubrió por primera vez en 1977, como causa de un brote de neumonía grave. Entre un 75% y un 80% de los casos notificados son personas mayores de 50 años, y el 60% son hombres.

La legionelosis, enfermedad del legionario o más conocida como legionela, es una enfermedad infecciosa e incluso en algunos casos potencialmente fatal, causada por una bacteria negativa que vive libre en el ambiente y también está presente en todos los hábitats acuáticos: aguas superficiales, lagos, estanques, agua termales. Es un organismo que prospera a temperaturas entre los 25 °C  y un óptimo de 35 °C. Por lo mismo, las aguas termales pueden ser una fuente en la cual se encuentra presente.

Otros ambientes en los cuales se han dado brotes, han sido en sistemas hídricos artificiales deficientemente mantenidos, en particular torres de enfriamiento o condensadores de evaporación utilizados para sistemas de aire acondicionado y refrigeración industrial;  instalaciones de hidromasaje; Spas; Jacuzzis;, sistemas de agua fría y caliente y  humidificadores entre otros.

En Chile no se han registrado casos de personas que hayan sufrido de legionelosis, sin embargo, se especula de casos de fallecidos por esta enfermedad, que presentaron síntomas similares tras haber tenido bacterias que provenían de aguas cálidas y quietas.

 

 

 

 

 

¿Cómo se contagia?

La médico broncopulmonar de la Clínica Avansalud, Carolina Herrera, explica que la principal vía de contagio de la legionella es por inhalación. Por ello, la bacteria puede propagarse a través del aire frío o caliente que emana de los aires acondicionados de los edificios. Por esta razón, existen en Chile protocolos de mantenimiento de estos sistemas, precisamente para evitar la propagación de este tipo de bacterias.

Otra fuente de contagio, es a través de cursos de agua contaminada con la bacteria pero que sean inhalados a través de pulverización. Si el agua con legionella se bebe, no tiene mayores efectos, así como tampoco se produce contagio de persona a persona.

El tiempo que trascurre desde la exposición de la persona con la bacteria y el comienzo de la enfermedad es de 2 a 5 días y la recuperación es variable, aunque los casos más graves pueden terminar en la muerte.

Los síntomas que presenta la patología pueden ser similares al de una gripe u otros tipos de neumonía bacteriana: fiebre, escalofríos y tos seca o con mucosidad. La Dra. Herrera agrega que en algunos casos pueden presentarse dolores musculares, de cabeza, cansancio, pérdida de apetito y diarrea.

Es importante destacar que algunos de los factores de riesgo asociados a esta enfermedad son el tabaquismo, el excesivo consumo de alcohol, neumopatías, inmunodepresión, enfermedades respiratorias o renales crónicas, Sida y usuarios de corticoides, menciona la doctora Carolina Herrera.

En cuanto al tratamiento, si la  enfermedad se detecta a tiempo, sólo necesita de un tratamiento antibiótico, una vez que se ha establecido el diagnostico.  En los casos más severos, se utiliza un segundo medicamento para complementar y que es más fuerte que un antibiótico.

Prevención

La organización mundial de la salud (OMS) enfatiza que la prevención de la enfermedad depende de la aplicación de medidas de control que minimicen la expansión de ésta bacteria. Esas medidas incluyen un buen mantenimiento de las instalaciones y aparatos, en particular mediante su limpieza y desinfección con unidades de cloro. Respecto del agua, es importante desinfectar no sólo con cloro, sino también componentes químicos como soluciones de permanganato, que permiten una adecuada limpieza y desinfección.

La aplicación de este tipo de normas contribuirá considerablemente a reducir el riesgo de contaminación por legionelosis y a prevenir la aparición tanto de casos esporádicos como de brotes.

 

Las gotas (colirios) son la forma de presentación de los medicamentos más frecuentemente utilizados en oftalmología.  Si bien su uso parece simple, hay algunas recomendaciones útiles para lograr que el tratamiento indicado sea efectivo.

Según explica el doctor José Ignacio Vergara Orellana, de la sede Providencia de la Fundación Oftalmológica Los Andes, hay que ser riguroso con las indicaciones del oftalmólogo respecto a qué tipo de gota usar, su frecuencia y duración del tratamiento ya que, al ser un medicamento, podría tener efectos adversos. Además, el doctor Vergara entregó los siguientes consejos:

  • Asegurarse que la fecha de expiración no haya pasado.
  • Antes de usarlas, siempre lavarse las manos o limpiarlas con soluciones en base a alcohol.
  • Una gota es suficiente en cada ojo. Si se usan distintos colirios, esperar al menos 5 a 10 minutos entre una y otra gota.
  • En caso de usar un colirio y un ungüento, siempre usar primero el colirio y luego de 5 a 10 minutos el ungüento.
  • Si se usan lentes de contacto, preguntar al oftalmólogo si deben quitarse o no antes de la aplicación, ya que algunas gotas tienen componentes que podrían impregnarse en los lentes de contacto. En caso de tener que retirarlos, esperar 15 minutos antes de reposicionarlos.
  • Se debe inclinar la cabeza hacia atrás, luego con una mano bajar el párpado inferior (dejando un “bolsillo” entre el párpado y el ojo), mirar hacia arriba y aplicar la gota.
  • No tocar el ojo ni las pestañas con el envase ya que se puede contaminar.
  • Se debe sentir que la gota toca el ojo. Para algunos colirios, es posible refrigerarlos, por lo que es más fácil “sentir” la gota cuando está helada.
  • Para que la gota quede en contacto mayor tiempo con el ojo y reducir su absorción por la vía lagrimal (o el mal sabor que pueden tener algunas), mantener los ojos cerrados suavemente por 2 minutos y presionar con el dedo índice el borde interno del párpado (entre el ojo y la nariz)
  • No compartir gotas con otras personas, ya que se pueden transmitir infecciones.

 

“Los 45 años es la edad en que todos los seres humanos van a tener que usar lentes para ver de cerca. No importa si la persona tiene la vista normal o con alguna ametropía”, asegura el doctor de la Fundación Oftalmológica Los Andes, Cristián Luco. Aquí el especialista explica por qué sucede esto y cuáles son los síntomas a los que hay que estar alerta.

¿Por qué la gente debe ocupar lentes alguna vez en la vida?

El ojo antes de los 45 años tiene capacidad para enfocar de lejos y de cerca y sin anteojos ven bien, sin embargo, cruzando el umbral de los 45, y hasta los 60 años, se empieza a perder la capacidad de enfocar objetos cercanos. Esto se llama presbicia y para solucionarlo se indica el uso de lentes para cerca.

Hay personas que nacen con problemas en los ojos, pero hay otros ojos que se envejecen con el paso de los años. Las cataratas, por ejemplo, son enfermedades típicas de los adultos mayores; la diabetes también genera problemas. La incapacidad de enfocar de cerca se debe particularmente al envejecimiento del ojo, pero no se debe considerar como una enfermedad.

¿Cuáles son los síntomas a los que hay que prestarle atención?

En caso de que se empiece alejar la lectura o buscar más luz para leer, hay que visitar a un oftalmólogo. A ciencia cierta no se sabe qué pasa en el ojo a nivel técnico, aparentemente el cristalino se pone duro o el músculo que mueve el sistema falla. Esta visita al médico permite, además, efectuar un examen completo incluida la medición de la presión ocular (glaucoma), el examen de la retina y nervio óptico.

¿Qué tipo de lente es recomendable usar en estos casos?, ¿pueden ser lentes de contacto, por ejemplo, o solo anteojos?

Se puede usar lente de marco o lente de contacto multifocal.

¿Es posible operar?

Solo en casos especiales, mediante una cirugía ocular, es posible colocar un lente intraocular multifocal que permite visión de lejos y cerca.

 

Porque en Fundación Nuestros Hijos nos preocupamos que disfrutes de este verano de un sol sano, te entregamos las siguientes recomendaciones para que tu piel no sufra daños con los rayos UV y así además prevenir el cáncer a la piel. 

Aunque los días se encuentren nublados, es importante que te protejas, ya que la radiación ultravioleta traspasa las nubes y se refleja, en el agua, la arena o el pavimento. 

Preocúpate cada día que salgas, aplícate bloqueador de un factor alto 30 - 40 SPF, si tienes hijos, ellos con mayor razón lo necesitan, ya que su piel es más delicada que de los adultos. 

Utiliza tú y tus niños sombrero de ala ancha, y lentes oscuros, siempre todo con protección UV certificada.

No expongas niños menores de dos años al sol directo, deben siempre tener todo su cuerpo protegido, y recuerda que a los menores de seis meses no se les recomienda el uso de bloqueador solar. 

Siempre debes mantente hidratado y mantenerte en áreas de sombra. 

Si tienes que estar al sol, ponte ropa oscura, que cubra las zonas más delicadas de tu cuerpo, como brazos espalda y hombros.

Algunos medicamentos aumentan la sensibilidad de tu piel a la radiación ultravioleta, es por esto que debes consultar a tu médico para estar al tanto. 

En la medida de lo posible, evita exponerte al sol entre las 10 y 16 horas del día, ya que en este rango de horarios los rayos ultravioletas son mucho más fuertes. 

Si detectas la aparición de manchas extrañas en tu piel o tienes lunares que pican, consulta con un dermatólogo. 

 

Después de las diversas cenas y celebraciones de fin de año, para muchos llegó el momento de empezar la dieta y dejar atrás esos kilos extras. Incluso en aquellos con mayor fuerza de voluntad, respetar el régimen pasado las 20.00 pm puede ser un desafío, ya que la noche es la hora más crítica para un régimen estricto. Por ello, la nutricionista de Centros Médicos Vidaintegra, Carolina Pizarro, entrega recomendaciones para evitar romper la dieta con visitas nocturnas al refrigerador.

Cuando ya no estamos bajo la presión de la jornada laboral y la rapidez de la rutina diaria, los atracones nocturnos al refrigerador son el enemigo más peligroso que se puede encontrar cuando realizamos una dieta. “Durante la noche aumenta la ansiedad y es natural que las personas busquen un poco de placer en comer lo que más les gusta y no lo que más les sirva. Además, eso se va a potenciar en la medida que dejemos la comida más completa del día para ese horario”, asegura la nutricionista de Centros Médicos Vidaintegra, Carolina Pizarro.

Evitar las visitas nocturnas a la cocina es esencial si se quiere respetar una dieta, no sólo porque la cantidad de comida ingerida en el atracón puede mandar al tarro de la basura todo el esfuerzo realizado durante el día, sino porque son momentos en los que perdemos por completo el control sobre nosotros mismos. “Estas sensaciones se suman a los sentimientos de vergüenza y culpabilidad, que pueden aumentar nuestra ansiedad, hacer que dejemos de creer en nosotros y llevarnos a renunciar a nuestra dieta” afirma la especialista.

En algunos casos, la ansiedad constituye una emoción desagradable que buscamos neutralizar recurriendo a algo que nos gusta. En ocasiones, esto se puede transformar en comida, ya que estimula las papilas gustativas, otorgándonos placer. La nutricionista especifica que “también sientes gratificación al consumir alimentos de buen sabor que, en la mayoría de las veces, son los más calóricos y los que más ayudan a que retrocedamos en el propósito de estar en forma”.

Las dietas muy restrictivas, sacadas de revistas de moda sin ninguna orientación profesional, pueden aumentar la ansiedad en vez de reducirla. “Si tienes ataques de hambre mientras haces una dieta puede significar también que los alimentos aportados tienen un bajo valor de saciedad”, señala Carolina Pizarro. 

Recomendaciones

En la reducción de ansiedad, lo importante son los horarios y lo que elegimos para comer. Estos desordenes en la alimentación se producen por una suma de factores, entre los que se cuentan tomar o no desayuno, hacer ayunos prolongados durante el día por más de cuatro horas o combinar estos ayunos con ejercicio y el estrés. Para tener éxito en la lucha contra los atracones nocturnos al refrigerador, la nutricionista de Vidaintegra, entrega los siguientes consejos:

  • Comer cada 3 o 4 horas.
  • Consumir alimentos saciadores como: cereales integrales, lácteos bajos en grasa, frutas cítricas, berrys, manzanas, verduras de hoja verde y carnes bajas en grasa.
  • El té verde es un buen saciador.
  • Beber agua purificada fraccionadamente durante el día. 
  • Hacer ejercicio, pero nunca en ayunas ni muy tarde.

La especialista también agrega que hay una serie de alimentos que aumentan la ansiedad. “Se debe evitar el consumo de café, té, las bebidas azucaradas, el azúcar y alimentos que la contengan, además de los almidones presentes en el pan” especifica Carolina.