Control visit in the doctor

De acuerdo a los especialistas, patologías como hipertensión y diabetes pueden permanecer años sin síntomas y agravarse si se postergan los controles médicos.

Las enfermedades no transmisibles son hoy la principal causa de muerte a nivel mundial. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, se estima que provocan 43 millones de fallecimientos cada año, lo que equivale al 75% de las muertes globales.

En Chile, estas patologías -como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares- concentran las principales causas de muerte en el país, según el Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud. El desafío es que muchas pueden avanzar durante años en etapa preclínica sin síntomas evidentes, lo que retrasa su diagnóstico y tratamiento oportuno.

“Estas enfermedades tienen un largo periodo de latencia. Desde que se inicia una lesión anatómica o bioquímica hasta que se manifiesta clínicamente puede pasar mucho tiempo. Por eso muchas veces se detectan en etapas avanzadas”, explica Rodrigo Farías, médico general de IntegraMédica.

En este contexto, marzo -marcado por el retorno al trabajo, al colegio y a rutinas más exigentes- se transforma en una oportunidad clave para retomar controles médicos y evaluar factores de riesgo que suelen pasar desapercibidos.

El estrés como factor de descompensación

El especialista de IntegraMédica advierte que, en contextos de alta exigencia, el estrés puede actuar como factor desencadenante o descompensador en personas con patologías crónicas, incluso cuando parecen estar controladas. “El estrés agudo y crónico puede contribuir a desencadenar eventos cardiovasculares, como arritmias, infarto agudo de miocardio e hipertensión arterial, a partir de la conexión eje cerebro-corazón”, comenta Farías.

Cuando los estímulos estresores son intensos, frecuentes o prolongados, el organismo puede ver superada su capacidad de adaptación, generando una desregulación con consecuencias clínicas concretas. A ello se suman factores de riesgo acumulativos como la inactividad física, la obesidad, la hipertensión arterial y la glicemia alterada, que pueden potenciar este efecto.

Además, cambios en el estilo de vida, como el sedentarismo, una alimentación con exceso de sal o azúcar, deshidratación o la baja adherencia a tratamientos y controles médicos, pueden favorecer la aparición o progresión de estas enfermedades.

El rol del chequeo preventivo

Frente a este escenario, el control médico periódico cumple un rol central. Su objetivo es monitorear parámetros metabólicos y físicos, ajustar tratamientos, modificar factores de riesgo y prevenir complicaciones en órganos diana. “Postergar un control médico por periodos prolongados puede desencadenar una complicación aguda o permitir que una condición crónica progrese sin tratamiento”, advierte el médico.

Los chequeos preventivos buscan anticiparse a patologías como hipertensión, diabetes, dislipidemias y distintos tipos de cáncer, muchas de las cuales pueden encontrarse en etapa preclínica. “El chequeo no debe depender de tener síntomas. La idea central es el diagnóstico precoz: identificar una enfermedad antes de que se produzca daño irreversible. Esto permite tratamientos más simples y efectivos, reduce la morbi-mortalidad y mejora la calidad de vida”, enfatiza Farías.

Si bien cualquier persona puede verse afectada, quienes ya están en tratamiento por patologías crónicas y los adultos mayores presentan mayor riesgo de descompensación. Por esa razón, el especialista subraya que el bienestar subjetivo no siempre refleja el estado real de salud.

“Sentirse bien es positivo y hay que mantener factores protectores como actividad física, alimentación equilibrada y espacios de descanso. Pero la ausencia de síntomas no descarta la enfermedad. El control médico anual sigue siendo la principal herramienta para detectar de forma precoz patologías que pueden avanzar durante años sin manifestarse”, concluye.