Con la llegada del otoño, bajan las temperaturas y, junto con la vuelta a clases, aumenta la circulación de virus respiratorios. En Chile, el Instituto de Salud Pública informó que en las últimas semanas han predominado virus como el rinovirus y el SARS-CoV-2, seguidos por Influenza A, adenovirus, parainfluenza, metapneumovirus y VRS. Frente a este escenario, la alimentación también cumple un rol importante.

Hoy sabemos que no basta con hablar sólo de calorías o nutrientes aislados: también debemos considerar la salud de la microbiota intestinal, ya que ésta interactúa de manera estrecha con el sistema inmune.

“Durante años hablamos de calorías y nutrientes aislados, pero hoy sabemos que también debemos hablar de microbiota. Mantenerla equilibrada puede favorecer una mejor respuesta del organismo frente a infecciones respiratorias y gastrointestinales comunes en esta época, además de contribuir al bienestar general. Esto se debe a que en la microbiota intestinal se encuentra más del 80% de nuestras defensas. Lo ideal es fortalecer el terreno todos los días y no reaccionar sólo cuando aparece la enfermedad”, señala Trinidad Völker, nutricionista y fundadora de La Fermentista.

Dentro de este contexto, alimentos fermentados como kimchi, chucrut, yogur o kéfir pueden ser buenos aliados para incorporar en la alimentación diaria. La evidencia científica sugiere que su consumo puede aumentar la diversidad de la microbiota intestinal y asociarse a una mejor regulación de procesos inflamatorios.

Además, estudios recientes han observado que el consumo de alimentos fermentados como el kimchi puede influir en mecanismos del sistema inmune, como la activación de células que detectan patógenos y coordinan la respuesta inmunológica. Aunque no se trata de un efecto preventivo directo frente a virus específicos, sí refuerza el rol de estos alimentos como parte de una estrategia de salud integral.

“Nuestro intestino es una parte clave del sistema inmune. Cuando consumimos alimentos fermentados con microorganismos vivos, ayudamos a mantener una microbiota equilibrada, lo que puede apoyar el buen funcionamiento de nuestras defensas. Sin embargo, estos alimentos no son medicamentos ni reemplazan vacunas o tratamientos médicos, pero sí pueden ser un apoyo diario dentro de un estilo de vida saludable. Lo importante es el consumo constante, no sólo cuando ya estamos enfermos”, explica Völker.

La especialista agrega que, al elegir alimentos fermentados, es importante fijarse en que sean productos vivos y bien conservados: “Lo ideal es mantenerlos siempre refrigerados, preferir productos no pasteurizados y respetar su fecha de vencimiento”.

En el caso del chucrut, además de aportar microorganismos vivos cuando no ha sido pasteurizado, conserva compuestos propios del repollo y puede ser una forma práctica de sumar fibra y otros nutrientes a la dieta. Como parte de una alimentación variada, los fermentados pueden contribuir a una mejor salud digestiva y al equilibrio entre microbiota e inmunidad.

“Los alimentos fermentados son una práctica ancestral que vuelve a cobrar sentido en el contexto actual. Integrarlos a la alimentación diaria es una forma concreta y natural de cuidar la salud. No es una moda: es volver a entender que dentro de cada alimento vivo hay un ecosistema que puede impactar positivamente en nuestro bienestar”, afirma Trinidad Völker, nutricionista y fundadora de La Fermentista.

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