Aunque la gente tiende a agruparlos en un mismo concepto, los perros guía -que son un subtipo de los perros de asistencia- y los perros de terapia cumplen roles muy distintos. Fundación Tregua invita a valorar el rol de estos animales, y aclara esta frecuente confusión.
“Un perro de ayuda puede tener distintas funciones”, aclara Camila Arteaga de Fundación Tregua. “Los perros de asistencia, por ejemplo, están entrenados para acompañar, en el día a día, a personas con distintos tipos de discapacidad. En el caso de la discapacidad visual, facilitan su desplazamiento y autonomía; también hay perros que asisten a personas con discapacidad auditiva, con autismo o con enfermedades como diabetes o epilepsia. Los perros de terapia, por su parte, son animales integrados a un equipo multidisciplinario formado por profesionales de la salud y la educación para trabajar en ciertas áreas, ya sea físicas, cognitivas o emocionales”, explica.
En el caso de Fundación Tregua, ellos cuentan con perros de terapia, sus “Dogtores”, que son parte de diversos programas en hospitales, residencias, hospice (hospicios con un enfoque integral de cuidados paliativos para personas con enfermedades avanzadas o terminales) y centros educacionales, entre otros. Con 13 años de funcionamiento, su objetivo es entregar bienestar a las personas de manera única y significativa, desde el vínculo y la cercanía.
En un entorno donde diversos diagnósticos, como el cáncer, suelen ir acompañados de miedo, ansiedad, rutinas exigentes, largos tratamientos y escenarios muchas veces adversos, la visita de los Dogtores de Fundación Tregua genera espacios de calma y afecto, tanto para pacientes como para sus familias y equipos de salud. De ahí el nombre de Tregua, pausa, y además en mapudungún “trewua” significa perro.
“Los perros de terapia no reemplazan tratamientos médicos, pero sí aportan algo esencial: conexión emocional, alivio y bienestar. Ellos transmiten alegría y contención. Su presencia en entornos clínicos ha demostrado reducir el estrés, la ansiedad y la sensación de aislamiento en pacientes”, señala Camila Arteaga.
“Estamos convencidos de que la convivencia con las mascotas tiene grandes beneficios para la sociedad, por eso trabajamos hace más de 8 años con Fundación Tregua en diferentes programas. Nuestra finalidad es aportar en el bienestar de sus perros, claves en mejorar la calidad de vida de los pacientes, sus familias y el personal médico”, explica Masiel Gálvez, médico veterinaria de Purina.
Desde Tregua enfatizan que, aunque los caminos son distintos, los perros de asistencia y los de terapia comparten un propósito común: mejorar la calidad de vida de las personas. “Todos ellos transforman vidas, cada uno desde su rol. Por eso, hoy queremos reconocer y agradecer profundamente a todos nuestros Dogtores”, concluye Camila.
Uno de los grandes diferenciadores de Fundación Tregua es la profundidad de sus resultados, el impacto tangible en los pacientes, y la transversalidad de sus intervenciones. Destacan, por ejemplo, los resultados del programa piloto realizado en conjunto con el servicio de Odontopediatría del Hospital de Niños Exequiel González Cortés, que durante el 2024 atendió una población de 186 niños, niñas y adolescentes con discapacidad, de un rango etario entre 4 y 15 años: la ansiedad frente a un procedimiento dental disminuyó en un 65%, la frecuencia cardíaca también bajó en un 60%, y se logró realizar tratamientos odontológicos en el 96% del total de pacientes.





