cáncer de ovario

Ante la alta mortalidad en Chile, especialistas advierten que la persistencia de síntomas digestivos por más de 12 días es clave para la detección. Clínica IRAM impulsa la vigilancia genética para anticipar el diagnóstico de esta enfermedad.

Este 8 de mayo se conmemora el Día Mundial de Cáncer de Ovario, la neoplasia ginecológica más letal, que ocupa el décimo lugar en incidencia y el quinto en mortalidad oncológica femenina. En Chile, su tasa de mortalidad es de 5,3 por 100.000 mujeres, destacándose la ausencia de estrategias validadas de prevención primaria o secundaria

En el escenario oncológico actual, el cáncer de ovario se ha ganado el apodo del «enemigo silencioso», pero desde la perspectiva médica de Clínica IRAM sus síntomas suelen ser confundidos.

“A diferencia de otras patologías que se manifiestan con dolor agudo o bultos detectables, este tumor suele camuflarse bajo señales que las mujeres tienden a normalizar: una leve hinchazón abdominal, saciedad temprana al comer o cambios en el hábito urinario”, explica el doctor Matías Solari, ginecólogo de Clìnica IRAM.

La clave está en la persistencia y la combinación de síntomas. Las mujeres deben prestar especial atención cuando experimentan dos o más de los siguientes síntomas de forma permanente, durante más de 12 días al mes y por al menos 2-3 meses consecutivos: hinchazón abdominal (que no desaparece con remedios digestivos); sensación de saciedad rápida al comer (no poder terminar porciones habituales); dolor pélvico constante que no responde a analgésicos comunes; y cambios urinarios sin infección confirmada.

El momento crítico de vigilancia comienza a los 45 años, intensificándose entre los 55-65 años, cuando el riesgo es máximo. Sin embargo, las mujeres con antecedentes familiares de cáncer de ovario, mama o mutaciones genéticas BRCA, deben mantener esta vigilancia desde los 35 años. Lo fundamental es no normalizar estos síntomas pensando «es la edad» o «es estrés» – si persisten y afectan la calidad de vida diaria, es momento de consultar inmediatamente con un especialista para descartar esta enfermedad silenciosa.

“Esta tendencia a la normalización es, precisamente, lo que la clínica IRAM busca romper este 8 de mayo. No es estrés, ni un problema de colon y ni la edad; es un cuerpo enviando señales sutiles que demandan atención inmediata», explica el doctor Solari.

En Chile, la brecha del silencio en torno a esta enfermedad es crítica: mientras el cáncer de mama ocupa gran parte de la agenda pública, el de ovario suele pasar inadvertido hasta que se encuentra en etapas avanzadas, donde las opciones de tratamiento se vuelven más complejas.

Frente a este desafío, el enfoque de Clínica IRAM es doble: estrategia genética y precisión tecnológica. Un punto disruptivo en el manejo actual es entender que el historial familiar no es solo una anécdota, sino una hoja de ruta. La identificación de mutaciones en los genes permite a los equipos médicos anticiparse al desarrollo de la enfermedad, transformando el azar en prevención activa.

El llamado para este Día Mundial es a dejar de ser «pacientes» con los síntomas. Romper el silencio del cáncer de ovario comienza por validar cada molestia persistente y entender que, en oncología, la curiosidad y la sospecha son las herramientas de supervivencia más poderosas que existen.