Chile vive de espaldas a una de las fuentes de recursos nutricionales más potentes del planeta. Mientras las tendencias globales hablan de proteínas de calidad, alimentación consciente y productos naturales, gran parte de esa respuesta ha estado históricamente frente a nosotros: en el mar.
Con más de 6.000 kilómetros de costa y una tradición pesquera profundamente ligada a su identidad, el país posee una diversidad de productos marinos que hoy vuelven a ganar espacio en la conversación sobre alimentación saludable. Sin embargo, el consumo local todavía está lejos de reflejar esa riqueza. Según cifras del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS), en Chile el pescado se come apenas 3,6 veces al mes, mientras que los mariscos alcanzan un promedio de 2,3 veces durante el mismo período.
En medio de una creciente preocupación por la nutrición y el bienestar, productos como el jurel, los choritos y el atún -presentes históricamente en las cocinas chilenas- están siendo revalorizados no solo por su sabor, sino también por su aporte de proteínas, omega 3 y nutrientes esenciales para una alimentación más equilibrada. A eso se suma un atributo cada vez más valorado por las personas: la practicidad para integrarlos a la vida cotidiana.
“El mar chileno tiene alimentos extraordinariamente completos desde el punto de vista nutricional. Muchas veces buscamos soluciones sofisticadas o importadas, cuando acá existen productos accesibles, prácticos y con altísimo valor alimenticio”, explica la nutricionista María Trinidad Forteza.
Uno de los casos más emblemáticos es el jurel, un pescado históricamente presente en la alimentación chilena y que hoy vuelve a posicionarse por su alto contenido de proteínas y omega 3. Considerado uno de los pescados azules más nutritivos, aporta grasas saludables asociadas al cuidado cardiovascular y cerebral, además de vitamina D y vitamina B12.
A diferencia de otras fuentes proteicas, el jurel combina densidad nutricional con practicidad. En formatos de conserva, además, permite incorporar pescado de manera simple a preparaciones cotidianas, desde ensaladas hasta almuerzos rápidos, respondiendo a una necesidad cada vez más presente en las personas: comer mejor sin complejizar la rutina.
“Hoy existe una mayor conciencia sobre la calidad nutricional de los alimentos y no solo sobre las calorías. En ese escenario, los productos del mar tienen una ventaja enorme porque aportan proteínas de calidad, grasas saludables y nutrientes esenciales de manera muy accesible”, agrega Forteza.
Otro alimento que ha ganado protagonismo son los choritos, reconocidos por su aporte de hierro, zinc y proteínas de alta calidad. Su presencia en preparaciones locales y su creciente valorización gastronómica han ayudado a reposicionarlos como una comida nutritiva y accesible.
El atún, por su parte, sigue siendo una de las especies marinas más consumidas a nivel mundial debido a su practicidad y aporte nutricional. Rico en proteínas y omega 3, se ha transformado en una alternativa habitual para quienes buscan opciones rápidas y equilibradas para el día a día.
En paralelo, las conservas viven un nuevo momento. Lo que durante años fue visto únicamente como un producto funcional, hoy vuelve a valorarse por atributos asociados a duración, disponibilidad y nutrición. En un escenario donde las personas buscan soluciones más convenientes, los productos del mar en conserva permiten acercar alimentos nutritivos a distintos hogares y momentos de consumo.
Desde San José, marca emblemática de Nutrisco, explican que hoy existe una transformación profunda en torno a cómo las personas entienden la nutrición cotidiana. “Actualmente hay una mayor preocupación por incorporar alimentos nutritivos, prácticos y de calidad a la rutina diaria. En ese escenario, los productos del mar tienen atributos muy potentes y además forman parte de una tradición alimentaria profundamente ligada a Chile”, comentan desde la marca.
La conversación también se conecta con un cambio cultural. Durante años, gran parte del consumo de productos del mar estuvo asociado a ocasiones específicas o preparaciones tradicionales. Hoy, en cambio, comienzan a incorporarse en formatos más cotidianos como las conservas o productos congelados, impulsados por nuevas tendencias de alimentación, deporte y bienestar.
Y aunque Chile exporta productos marinos a distintos mercados del mundo, especialistas coinciden en que todavía existe espacio para fortalecer el consumo local y redescubrir el valor nutricional de alimentos que históricamente han estado presentes en nuestra costa. Porque mientras el mundo busca nuevas proteínas y productos funcionales, el océano hace tiempo viene entregando algunas de las respuestas más completas.





