Hasta un 80% de los rayos ultravioleta atraviesan las nubes, manteniendo el riesgo de daño celular y cáncer de piel incluso durante la temporada de frío.
Con la llegada del invierno y la disminución de las temperaturas, se genera un descenso en la percepción de riesgo de la población frente a la radiación solar. La ausencia de sol directo o la presencia de cielos cubiertos reduce la conciencia sobre la necesidad de mantener el uso diario de protector solar, un escenario que los especialistas y la industria química abordan desde la innovación y la salud pública para mitigar el daño cutáneo.
Baja percepción de riesgo y aumento de patologías cutáneas
De acuerdo con datos del Plan Nacional de Cáncer en Chile, el cáncer de piel no melanoma, que se produce por cambios en el ADN de las células de la piel, es uno de los tipos de cáncer más frecuentes en el país, donde entre el 50% y el 90% de los casos son provocados directamente por la exposición a la radiación ultravioleta (UV). Las proyecciones de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS indican que para el año 2030 Chile experimentará un incremento del 21% en los casos de melanoma y un 35% en cáncer de piel no melanoma.
Este panorama se ve complejizado por el abandono de los hábitos de fotoprotección durante el periodo invernal. Los estudios meteorológicos y dermatológicos demuestran que hasta un 80% de los rayos UV logran atravesar la capa de nubes. Mientras que los rayos UVB (responsables de las quemaduras visibles) disminuyen su intensidad en invierno, los rayos UVA (causantes del envejecimiento prematuro y mutaciones del ADN celular) mantienen su fuerza de manera constante durante los 365 días del año. A esto se suma el factor de reflexión en superficies como la nieve, que duplica la exposición al reflejar hasta el 80% de la radiación.
Innovaciones químicas al servicio de la protección dermatológica
Frente a las bajas temperaturas y la radiación constante, la industria química orientada al cuidado personal desarrolla filtros solares diseñados para responder a las necesidades específicas de la piel en invierno. Durante esta época, el frío y el viento generan una vasoconstricción (estrechamiento del diámetro de los vasos sanguíneos) que disminuye la hidratación natural, provocando enrojecimiento, descamación y arrugas prematuras, lo que vuelve a la barrera cutánea más vulnerable.
Las formulaciones actuales integran protectores solares con un Factor de Protección Solar (FPS) mínimo de 30, enfocados en resguardar las zonas expuestas como el rostro, el cuello y el escote. La evolución tecnológica en ingredientes químicos permite el desarrollo de productos de última generación que combinan filtros UV de amplio espectro con texturas de rápida absorción que no dejan residuos oleosos ni causan irritación ocular.
“La ciencia aplicada al cuidado de la piel demuestra que la radiación UV es un factor ambiental permanente. El frío invernal deshidrata el tejido cutáneo, y al combinarse con la radiación UVA invisible, acelera el daño celular y estructural de la piel”, señala Astrid Stotz, Coordinadora de Gestión de Salud Corporativa de BASF Chile.
La disponibilidad de tecnología cosmética y dermatológica requiere de un cambio en los hábitos de la población. La doctora Stotz señala que “los protectores solares avanzados contribuyen directamente a prevenir patologías graves y el envejecimiento celular. El cuidado frente a la radiación UV sigue siendo un desafío cultural y de salud pública que debe sostenerse de manera ininterrumpida durante todo el año”.





