La organización destaca el valor de la lectura compartida como una herramienta accesible para fortalecer vínculos, contención emocional y desarrollo socioemocional.
En medio del debate sobre violencia escolar, una dimensión clave sigue quedando fuera de la conversación: el rol de las familias y los vínculos que niños y niñas construyen fuera de la sala de clases. Mientras gran parte de la discusión pública continúa enfocada en medidas de control, sanción y seguridad, también crece la necesidad de fortalecer los entornos emocionales desde los primeros años, promoviendo presencia, acompañamiento y espacios de conexión como herramientas concretas de prevención.
En ese contexto, Fundación ALMA plantea la urgencia de ampliar la mirada y avanzar hacia estrategias preventivas que devuelvan a las familias un lugar central en el desarrollo y bienestar de niños y niñas. Frente a respuestas marcadas por la contingencia y la reacción, la organización —que trabaja en la transformación de entornos familiares— propone volver a lo esencial: fortalecer el vínculo desde lo cotidiano.
“En medio de tantas respuestas urgentes a la violencia, muchas veces olvidamos lo esencial: la familia. Ahí comienza todo”, comenta Carmen de la Maza, directora ejecutiva de Fundación ALMA. “Los grandes olvidados de esta historia son las familias. Para prevenir la violencia, también necesitamos acompañarlas, fortalecerlas y devolverles un lugar central en el desarrollo de niños y niñas”, agrega.
Desde esa perspectiva, la lectura compartida aparece como una herramienta simple, accesible y poderosa, no solo para fomentar el aprendizaje, sino también para generar contención emocional, confianza y cercanía entre adultos y niños. Leer juntos puede parecer un gesto pequeño, pero tiene un impacto profundo en el desarrollo emocional y en la construcción de vínculos protectores.
Y es que leer con un niño o niña no solo fortalece el lenguaje o el aprendizaje escolar. También crea espacios de atención, escucha y seguridad afectiva. Un cuento, una conversación o algunos minutos compartidos pueden ayudar a desarrollar empatía, regulación emocional y herramientas para resolver conflictos de manera sana.
“La lectura compartida parece un gesto pequeño, pero tiene un enorme impacto en el desarrollo emocional. Cuando un adulto se detiene a leer con un niño, le transmite algo fundamental: ‘estoy aquí contigo’”, sostiene De la Maza.
Volver a lo cotidiano
Para Fundación ALMA, uno de los principales errores del debate público es pensar la prevención únicamente desde la reacción frente al conflicto. En cambio, advierten que la violencia también se aborda mucho antes, en los espacios cotidianos donde niños y niñas aprenden a sentirse escuchados, acompañados y contenidos.
“La prevención también se juega en lo cotidiano: en una conversación, en un cuento, en un momento compartido. No basta con intervenir cuando aparece el problema; necesitamos fortalecer antes los entornos donde niños y niñas crecen”, enfatiza la directora ejecutiva.
En esa línea, Fundación ALMA impulsa acciones orientadas a entregar herramientas simples y concretas a las familias, especialmente en contextos donde muchas veces existe la percepción de que acompañar el aprendizaje requiere tiempo, conocimientos especializados o recursos difíciles de alcanzar.
“No se trata de hacer más ni de transformarse en expertos. Se trata de recuperar pequeños espacios de conexión que tienen un efecto enorme en el bienestar emocional de niños y niñas”, sostiene.
Diez formas simples de fortalecer el vínculo a través de la lectura
Como parte de este enfoque preventivo, Fundación ALMA comparte recomendaciones prácticas para incorporar la lectura en la rutina diaria familiar:
1. No necesitas ser experto para leer con tu hijo. No importa si lees rápido, lento o si cambias palabras. Lo importante es compartir ese momento juntos.
2. Basta con diez minutos al día. Antes de dormir, después de la escuela o mientras esperan una micro. Un momento breve puede hacer una gran diferencia.
3. Deja que tu hijo elija el libro. Cuando ellos escogen, participan con más ganas porque conectan con sus intereses.
4. No importa si no terminan el cuento, a veces querrán mirar solo las imágenes o hablar de una página. Eso también es leer.
5. Haz preguntas simples mientras leen, fortalece la interacción: ¿Qué ves aquí?, ¿Cómo crees que se siente?, ¿Qué crees que va a pasar?
6. Si pide el mismo cuento muchas veces, léelo otra vez. La repetición les da seguridad y fortalece su aprendizaje.
7. Leer también es conversar, un libro puede ser una oportunidad para hablar de emociones, miedos, alegrías o cosas que vivieron durante el día.
8. Guarda los libros al alcance de tu hijo, si puede verlos y tocarlos, tendrá más ganas de acercarse a ellos.
9. Apaga el celular por unos minutos, aunque sean pocos, esos minutos de atención completa pueden marcar una diferencia enorme, estar presentes.
10. Recuerda esto: no estás enseñando solo a leer, estás construyendo vínculo.
Desde Fundación ALMA enfatizan que la lectura compartida no requiere grandes recursos ni largas horas disponibles. Lo fundamental es la presencia y la disposición a compartir un espacio cotidiano de conexión.
“A veces, un cuento puede ser el comienzo de una conversación, de un hábito o de un vínculo que protege para toda la vida”, concluye Carmen de la Maza.
Para más información, visita www.fundacionalma.cl o revisa las redes sociales de Fundación ALMA:




