Un estudio realizado en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile encontró que 9,5% de los pacientes evaluados en una UCI presentó lesiones en la piel asociadas al uso de adhesivos médicos.
Los pacientes analizados estuvieron expuestos a entre 4 y 21 productos adhesivos distintos, con un promedio de 9,15 por persona, en un entorno donde estos elementos hacen parte del tratamiento diario.
La investigación identificó además que la diabetes tipo 2 elevó 8,28 veces la probabilidad de desarrollar este tipo de lesión, lo que pone el foco sobre la mayor vulnerabilidad de ciertos pacientes durante su hospitalización.
En una unidad de cuidados intensivos, la atención suele estar concentrada en lo más urgente: estabilizar al paciente, sostener sus funciones vitales, administrar tratamientos y responder a cualquier cambio en su condición. Sin embargo, hay un aspecto del cuidado que empieza a ganar atención por su impacto en el bienestar del paciente y en la calidad de la atención, aunque durante mucho tiempo haya pasado inadvertido: las lesiones en la piel asociadas a elementos de uso cotidiano dentro del tratamiento hospitalario.
En la práctica, esto ocurre en medio de procedimientos completamente habituales en una UCI. Catéteres, electrodos, vías, sondas y otros dispositivos necesitan fijarse al cuerpo para poder cumplir su función. El problema es que ese contacto constante con adhesivos médicos puede afectar una piel que ya está debilitada por la enfermedad, por la edad o por otras condiciones de base. El resultado, en algunos casos, son irritaciones, desprendimientos superficiales o desgarros que añaden dolor, incomodidad y nuevas dificultades a una recuperación que ya de por sí suele ser compleja.
Precisamente eso mostró un estudio desarrollado en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, que evaluó a pacientes adultos hospitalizados en UCI y encontró que 9,5% presentó lesiones en la piel asociadas al uso de adhesivos médicos, es decir, casi uno de cada diez pacientes observados. Más allá de la cifra, el hallazgo pone sobre la mesa una realidad muy concreta: aun cuando estos materiales son esenciales para sostener la atención, también pueden generar efectos no deseados cuando la piel del paciente se encuentra especialmente frágil.
En Chile, esta conversación cobra una relevancia especial por el peso que tiene la diabetes en la población. De acuerdo con datos difundidos por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile a partir de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, la prevalencia de sospecha de diabetes en mayores de 15 años es de 12,3%. A esto se suma que, según el Consenso de la Sociedad Chilena de Diabetología, la prevalencia llega a 30,6% en adultos mayores. Ese panorama hace especialmente pertinente cualquier evidencia que ayude a entender cómo una condición de base puede agravar otros riesgos durante una hospitalización crítica.
La investigación también identificó un dato especialmente relevante para la práctica clínica y para la conversación pública: la diabetes tipo 2 elevó 8,28 veces la probabilidad de desarrollar este tipo de lesión. En otras palabras, el estudio refuerza la idea de que ciertos pacientes llegan a la UCI con una vulnerabilidad mayor y que, justamente por eso, la observación de la piel, la elección de materiales y la forma de fijar dispositivos no deberían verse como un detalle menor dentro del tratamiento.
A partir de esta evidencia, Essity Health & Medical, a través de Leukoplast, impulsa la campaña “Cuidando cada vida, cada historia”, con la que busca dar visibilidad a este tema y promover una mirada más amplia sobre prevención, calidad del cuidado y bienestar del paciente. La iniciativa pone el foco en algo muy simple, pero muy potente desde lo humano y lo periodístico: cuando una persona atraviesa un momento crítico, proteger su piel también hace parte de proteger su recuperación.
Los hallazgos del estudio ayudan a aterrizar el problema. En total se registraron 9 lesiones en 8 pacientes, y las más frecuentes fueron los desgarros de piel, seguidos por la dermatitis de contacto irritativa y el desprendimiento de epidermis. Además, la zona donde más se concentraron fue el miembro superior, seguida por la región cervical y el tórax, algo coherente con los puntos del cuerpo donde suele ubicarse buena parte de los dispositivos hospitalarios.
Otro dato llamativo es que cada paciente estuvo expuesto a entre 4 y 21 productos adhesivos distintos, con un promedio de 9,15 por persona. Entre los más utilizados estuvieron los electrodos, la película de poliuretano transparente y otros productos de fijación de uso cotidiano. Esto muestra que el problema no está asociado a una intervención excepcional, sino a elementos que hacen parte de la rutina hospitalaria y que, por eso mismo, exigen un uso cada vez más cuidadoso.
“En una UCI, la piel muchas veces queda en un segundo plano frente a otros riesgos más visibles, pero este estudio demuestra que también puede verse afectada de forma importante durante el tratamiento. Cuando aparecen este tipo de lesiones, el paciente enfrenta más dolor, más incomodidad y una recuperación más difícil. Poner este tema sobre la mesa ayuda a avanzar hacia una atención más completa, más segura y más consciente de la fragilidad de cada persona, especialmente cuando conviven factores como la diabetes o la edad”, Ingrid Olivares, Clinical Lead Essity, Health & Medical Chile.
Más allá de los hallazgos clínicos, el tema abre una conversación relacionada a cómo seguir fortaleciendo una atención hospitalaria que mire al paciente de forma integral y cómo evitar que molestias prevenibles terminen agravando una estancia crítica. En un país donde la diabetes tiene una presencia importante y especialmente alta en las personas mayores, esta discusión encuentra una resonancia inmediata tanto para el sistema de salud como para las familias que acompañan estos procesos.





